Darío Banegas, un caricaturista muy famoso de aquí de San Pedro Sula, afirma que en las leyes hondureñas, por lo menos, no existe el delito de femicidio, sino el de homicidio, y tiene razón el artista. Tiene toda la razón mi amigo, porque femicidio o feminicidio aún no son palabras registradas formalmente en la lengua. Sin embargo, este vocablo es un neologismo excluyente, pues va dirigido hacia las mujeres. La palabra hombre proviene del latín homo, hominis, con el significado de individuo de la especie humana, hombre o mujer. En la actualidad y atendiendo al origen de la palabra, hombre es un ser animado racional, varón o mujer, Y  a homines se le agregó la terminación latina caedere “matar” para formar homicidio: muerte de una persona causada por otra sin que concurra alguna circunstancia de alevosía, premeditación o ventaja. Si concurre uno de estos elementos, además de ser homicidio, es asesinato. En todo caso, si quisiéramos variar los conceptos de las muertes violentas de hombres y mujeres, considerando sus etimologías latinas, si hablamos de femicidio habríamos acuñando también varocidio, vocablo inexistente. Al hablar de femicidio no se está aclarando si es sólo eso o un asesinato.
Unos insistían que era golpe de Estado y otros, que era sucesión presidencial. Esta expresión semánticamente es correcta, pero en sintaxis anda mal. Yo no puedo insistir a nadie porque este verbo es intransitivo, no admite complemento directo. Por tanto, la oración se corregirá así: Unos insistían en que era golpe de Estado y otros, en que era sucesión presidencial.
Hay situaciones tan sencillas pero tan comprometedoras cuando se expresan. Espero que me aumenten el salario en este mes y Espero a que me aumenten el salario en este mes. En el primer caso yo no tengo la certeza, sólo la confianza, de ese posible incremento. En el otro ejemplo doy a entender que aguardaré el tiempo conveniente hasta que salga ese ajuste salarial. Luego, estos dos enunciados son diferentes.
Cuando estoy abriendo mi correo electrónico leo algo que dice en la pantalla: “Se está direccionando“. Por más que busco en el diccionario e investigo en diferentes textos, no doy con ese verbo. Creo que lo correcto es que se está dirigiendo. Algo similar decía un cartel en la Dirección Departamental de Educación: “No se están recepcionando documentos“. No existe el significante recepcionar; el verbo es recibir. Lo inexplicable es que en un ambiente de educadores se den estas chaladuras de la lengua.
“Ese niño es abusado” significa que ese individuo es listo, atento. Pero por error sintáctico ahora este mismo enunciado puede significar que el niño es víctima de abuso. Abuso es un sustantivo derivado del verbo abusar y significa uso o aprovechamiento excesivo o indebido de algo o de alguien en perjuicio propio o ajeno. Las prostitutas muchas veces son víctimas de abuso sexual, económico, físico. Pero es agramatical decir que ellas son abusadas porque el verbo abusar es intransitivo, es decir, no admite objeto directo y por consiguiente no se puede expresar en voz pasiva. Nadie abusa a nadie; pero se puede abusar de alguien o de algo: El alumno abusó de la confianza del profesor. Lo arrestaron por abusar de una mujer al golpearla mientras ella dormía. Se aclara que abusar de también tiene el concepto de violar sexualmente a alguien.
A veces discutimos si es presidente o presidenta, dependiente o dependienta, estudiante o estudianta cuando se trata de aplicar estos nombres a mujeres. Gramaticalmente, sólo los primeros son correctos; si seguimos esa línea, tampoco se puede decir cantanta, representanta, asistenta. El verbo presidir da origen a presidente como representar a representante. Pero el uso mayoritario ha consolidado los femeninos específicos presidenta y dependienta; claro, dependienta admite este uso sólo cuando se habla de la empleada de una tienda que tiene a su cargo atender a los clientes; no es armónico afirmar que esa muchacha es muy dependienta de sus padres porque siempre cuenta con elllos.  También errónea la forma estudianta.

Llama mucho la atención cuando leemos titulares como El arzobispo de Tegucigalpa. La máxima autoridad católica nuestra aquí en Honduras es el arzobispo, es el jefe de la archidiócesis o sea de todas diócesis, con su sede en Tegucigalpa; luego están los obispos y los presbíteros distribuidos a lo largo del país. Decir el arzobispo de Tegucigalpa es redundar. Basta decir el arzobispo de Honduras.

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