Uno de los ediles de San Pedro Sula (no el alcalde, quien no es edil) ha manifestado hace un par de semanas que entre los objetivos suyos es ayudar a eficientar la administración municipal. Si se tratara de un político de esos arrabaleros sería perdonable que dijera semejante majadería; pero se está hablando de un profesional universitario. Eficiente es un adjetivo: periodista eficiente. Pero muchos hablantes inventan verbos sin necesidad (acaso por llamar la atención), pues lo que quiso decir el concejal es que desea mejorar, optimizar la administración. No existe el verbo eficientar; inventarlo es un dislate.
El presidente del Congreso Nacional expresó en una entrevista: La situación financiera es difícil y no estamos apostando a la cooperación internacional; se tomarán medidas internas. Por nada del mundo comprendí el significado de la primera parte de esta expresión. Parece que nuestra gente emplea el verbo apostar como sinónimo de apoyar, decidir. Pero por segunda vez esta seccioncilla ofrece algunos de los usos del trillado apostar (DRAE): 1. Pactar con otro que quien tenga la razón en una discusión, obtenga la victoria o acierte el resultado de un juego o contienda deportiva gana: Te apuesto que Honduras logra un triunfo en este mundial. 2. Dar por cierto algo: Yo puedo apostar que la crisis pasará pronto. 3. Manifestar confianza u optar por alguien o algo: El Gobierno ha apostado por escuchar a los profesores. Este último ejemplo denota que el Ejecutivo tiene confianza en el diálogo con los educadores; o bien que ha optado por ellos en vez de escuchar a otro sector. Pero al leer la entrevista del diputado presidente se observa que ese verbo está fuera de contexto por el contenido adyacente del mensaje que él quiere enviar.
Estoy bien mal, me ha dicho un compañero. A simple vista y oído suena contradictoria esta expresión; pero no, es correcta. Bien, además de sustantivo, es un adverbio que entre sus acepciones significa bastante; por consiguiente, mi compañero me dijo que estaba bastante mal.
Lo que aseguramos es que es bien mal apostar lo que no se se apuesta. Y de paso debemos ser más eficientes para seguir mejorando nuestra lengua.
Darío Banegas, un caricaturista muy famoso de aquí de San Pedro Sula, afirma que en las leyes hondureñas, por lo menos, no existe el delito de femicidio, sino el de homicidio, y tiene razón el artista. Tiene toda la razón mi amigo, porque femicidio o feminicidio aún no son palabras registradas formalmente en la lengua. Sin embargo, este vocablo es un neologismo excluyente, pues va dirigido hacia las mujeres. La palabra hombre proviene del latín homo, hominis, con el significado de individuo de la especie humana, hombre o mujer. En la actualidad y atendiendo al origen de la palabra, hombre es un ser animado racional, varón o mujer, Y a homines se le agregó la terminación latina caedere “matar” para formar homicidio: muerte de una persona causada por otra sin que concurra alguna circunstancia de alevosía, premeditación o ventaja. Si concurre uno de estos elementos, además de ser homicidio, es asesinato. En todo caso, si quisiéramos variar los conceptos de las muertes violentas de hombres y mujeres, considerando sus etimologías latinas, si hablamos de femicidio habríamos acuñando también varocidio, vocablo inexistente. Al hablar de femicidio no se está aclarando si es sólo eso o un asesinato.
Unos insistían que era golpe de Estado y otros, que era sucesión presidencial. Esta expresión semánticamente es correcta, pero en sintaxis anda mal. Yo no puedo insistir a nadie porque este verbo es intransitivo, no admite complemento directo. Por tanto, la oración se corregirá así: Unos insistían en que era golpe de Estado y otros, en que era sucesión presidencial.
Hay situaciones tan sencillas pero tan comprometedoras cuando se expresan. Espero que me aumenten el salario en este mes y Espero a que me aumenten el salario en este mes. En el primer caso yo no tengo la certeza, sólo la confianza, de ese posible incremento. En el otro ejemplo doy a entender que aguardaré el tiempo conveniente hasta que salga ese ajuste salarial. Luego, estos dos enunciados son diferentes.
Cuando estoy abriendo mi correo electrónico leo algo que dice en la pantalla: “Se está direccionando“. Por más que busco en el diccionario e investigo en diferentes textos, no doy con ese verbo. Creo que lo correcto es que se está dirigiendo. Algo similar decía un cartel en la Dirección Departamental de Educación: “No se están recepcionando documentos“. No existe el significante recepcionar; el verbo es recibir. Lo inexplicable es que en un ambiente de educadores se den estas chaladuras de la lengua.
“Ese niño es abusado” significa que ese individuo es listo, atento. Pero por error sintáctico ahora este mismo enunciado puede significar que el niño es víctima de abuso. Abuso es un sustantivo derivado del verbo abusar y significa uso o aprovechamiento excesivo o indebido de algo o de alguien en perjuicio propio o ajeno. Las prostitutas muchas veces son víctimas de abuso sexual, económico, físico. Pero es agramatical decir que ellas son abusadas porque el verbo abusar es intransitivo, es decir, no admite objeto directo y por consiguiente no se puede expresar en voz pasiva. Nadie abusa a nadie; pero se puede abusar de alguien o de algo: El alumno abusó de la confianza del profesor. Lo arrestaron por abusar de una mujer al golpearla mientras ella dormía. Se aclara que abusar de también tiene el concepto de violar sexualmente a alguien.
A veces discutimos si es presidente o presidenta, dependiente o dependienta, estudiante o estudianta cuando se trata de aplicar estos nombres a mujeres. Gramaticalmente, sólo los primeros son correctos; si seguimos esa línea, tampoco se puede decir cantanta, representanta, asistenta. El verbo presidir da origen a presidente como representar a representante. Pero el uso mayoritario ha consolidado los femeninos específicos presidenta y dependienta; claro, dependienta admite este uso sólo cuando se habla de la empleada de una tienda que tiene a su cargo atender a los clientes; no es armónico afirmar que esa muchacha es muy dependienta de sus padres porque siempre cuenta con elllos. También errónea la forma estudianta.
Llama mucho la atención cuando leemos titulares como El arzobispo de Tegucigalpa. La máxima autoridad católica nuestra aquí en Honduras es el arzobispo, es el jefe de la archidiócesis o sea de todas diócesis, con su sede en Tegucigalpa; luego están los obispos y los presbíteros distribuidos a lo largo del país. Decir el arzobispo de Tegucigalpa es redundar. Basta decir el arzobispo de Honduras.
Siempre hemos dicho que la lengua se mueve en un tiempo dado; va cambiando. Conforme van los acontecimientos, así se van introduciendo frases y palabras, ya sean neologismos o términos conocidos un tanto olvidados. El adjetivo “bienaventurado” ya es historia y sólo lo escuchamos en la iglesia cuando nos leen la Biblia; ahora decimos “felices los pobres porque de ellos es el reino de los cielos“. Tampoco manifestamos que los delincuentes son unos “impíos”, simplemente decimos que son malos. Pero nada de eso es contradictorio, es cosa de la dinámica de nuestra lengua, como en todas las demás.
Las cosas suceden en un momento determinado; sin duda alguna tienen causas que las promueven y consecuencias productos del hecho. Desde el 28 de junio de 2009 por cualquier situación se mete el tan trillado “antes, durante y después”. “El analista perico de los palotes afirmó que antes, durante y después de la Navidad habrá un enorme flujo de dinero”, “antes, durante y después de la toma de posesión habrá mucha seguridad”. Estos tres adverbios no siempre están bien aplicados por lo subjetivo del antes y el después; además de lo defectuoso en el abuso, pues en el último ejemplo bien se pudo haber asegurado que “en el tiempo cercano a la Navidad habrá un enorme flujo de dinero.
“Ingresar en la Universidad Pedagógica pasa por aprobar un examen de admisión”, “El aumento al salario mínimo pasa por lo que digan las partes involucradas“. Se ve que el “pasa por” se ha vuelto un verbo de moda desde mediados de año recién pasado. Nos hemos olvidado que los verbos más explícitos ayudan a aclarar mejor la información. Bien se puede afirmar que “ingresar en la Universidad Pedagógica depende de la aprobación del examen de admisión” o que “el aumento al salario mínimo obedece a lo que digan los involucrados”.
Hay dos yates para viajar a Islas de la Bahía. Un yate es un barco pequeño que sirve más que todo para recreo y no para carga. Pero nuestra gente confunde yate con ferri. Ferri es una nave que transporta vehículos y pasajeros, y regularmente enlaza dos puntos. En Nueva Orleans había (y creo que siempre está) un ferri llamado Creole Queen en el que la gente transportaba carros, motos, bicicletas sólo para recorrer el Misisipi de orilla a orilla. Antes hubo un ferri entre El Jaral y Pito Solo a orillas del Lago de Yojoa. De la Ceiba a Islas de la Bahía hay goletas y yates, no ferris. Más diríamos que esos yates que viajan a Utila y Roatán son pequeños barcos de pasajeros.
No sé de dónde algunos comunicadores sociales han sacado eso de “ropa vanguardista”. Algunos hasta hablan de “bodas vanguardistas”. El vanguardismo se define como el conjunto de las escuelas o tendencias artísticas, nacidas en el siglo XX, tales como el cubismo, el ultraísmo, el dadaísmo, estridentismo, etc., con intención renovadora, de avance y exploración. Tengo la impresión que nuestros cronistas sociales se quieren referir más que todo a la moda actual, pero no creo que sea referido a ese movimiento artístico. En esas mismas secciones de algunos periódicos también aparecen con frecuencia frases como “su familia le deseó felicitaciones”. Felicitación es la acción de felicitar. También es la nota con la que se felicita a la persona. Por consiguiente, se desean felicidades, no felicitaciones.
Nos gusta mucho la parla y no nos basta con la sencillez de la palabra para luego agrandar los términos sin necesidad. “No hubo actos delincuenciales”. Delincuencial es todo lo alusivo a la delincuencia, pero es más fácil el adjetivo “delictivo”. Lo mismo sucede con el sustantivo “posición” que ha originado “posicionar”, una novedad léxica extendida en el lenguaje periodístico cuyo uso resulta útil, como intransitivo pronominal, con el sentido de adoptar una determinada posición o actitud ante algo: “Los profesores se posicionaron con una actitud muy crítica ante la actitud del Gobierno”. Pero es innecesario y hasta superable usarlo como sinónimo de “colocar”. Es incorrecto decir que “el Olimpia se posicionó en el primer lugar” si lo correcto es que “se ubicó, o se colocó, en el primer lugar”.