No tiene nada de malo nombrar romance a una relación amorosa. Lo bueno es saber que romance tiene significados estrictos en español: “Lenguas modernas derivadas del latín como el español, el italiano, el francés, el rumano y el portugués“. También romance es una composición poética.
Pero, por qué decimos que romance también es una relación amorosa. Sencillo, en inglés “romantic” tiene entre sus acepciones algo referido al amor carnal. Luego, romance es un anglicismo que podría cambiarse por idilio, noviazgo, amorío. También decimos que somos románticos cuando les damos flores a nuestras novias, esposas, amigas. Pero artísticamente alguien es romántico cuando se entrega a la imaginación y la subjetividad; es una persona con libertad de pensamiento y expresión y le agrada la idealización de la naturaleza. Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) es una de las figuras más importantes del romanticismo español.
Estamos ante un impasse por irregularidades de interpretación. Impasse es otro vocablo que quizá por la armonía fonética lo tomemos como equivalente de “problema“, algo que no así. Impasse no es sinónimo de problema, aunque implica un problema; es un punto muerto o situación al que no se le encuentra salida: “Las negociaciones entre Zelaya y Micheletti llegaron a un impasse” es una expresión correcta porque en aquel momento las pláticas estaban en punto muerto, sin salida. No podemos decir que “el Gobierno no les paga a los maestros por algunos impasses administrativos“; no les paga porque hay problemas administrativos.
La pobreza léxica de muchos “operadores de justicia” es manifiesta con la insistencia de giros abusivos que al final molestan nuestra razón. Uno de esos giros es el famoso “ajuste de cuentas“. Este sintagma es aplicado a manera de metáfora, pero tiene otras formas que resultan más rápidas y comprensibles. Un ajuste de cuentas es el acto de tomarse la justicia por su mano o vengarse. En consecuencia, es más fácil decir venganza, vendetta, vindicta.
“Se desconoce el móvil del crimen“. El sustantivo “móvil” ya resulta cansino y las personas ligadas al ambiente policial y judicial se olvidan que también se podría decir causa, motivo, razón, origen, raíz, según sea el contexto: “La Policía ya conoce el motivo de esa homicidio“. Igual sucede con hipótesis (suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia. La que se establece provisionalmente como base de una investigación que puede confirmar o negar la validez de aquella), una lexía que la gastan por no decir conjeturas, supuestos, sospechas.
Muchos “gurús” del fútbol dicen que tal jugador fue “desconvocado” de la alineación. Convocar es afín con invitar, llamar, citar, emplazar. Sería de memo decir que me desinvitaron, o que me desllamaron. También aseguran que aquel hombre no gravitó dando a entender que no dio un buen resultado; gravitar no funciona con ese sentido, aun en sentido figurado, porque significa moverse un cuerpo por la atracción de otro: “La tierra gravita alrededor del Sol”. También es influir sobre alguien o sobre algo: “El profesor Eliud gravitó en mi formación”.
La crisis verbal de muchos de nuestros jugadores de fútbol obliga a que ellos sean un tanto monótonos con sus tareas dialógicas. Es tan común escuchar que Tyson Núñes estuvo “desconcentrado” durante el partido. Es obvio que estar concentrado es mantenerse muy atento o pendiente de una actividad; pero estos muchachos le ponen un antónimo nada elegante: desconcentrado (que no tiene capacidad en sí mismo para actuar y tomar decisiones). ¿No será mejor el adjetivo “distraído“? También el adjetivo desconcentrado es equivalente a desprevenido, despistado.