Archivo para Agosto, 2009

Anglofilia y lenguaje “políticamente correcto”

  • Categoría: General
Viernes
Ago 28,2009

Se ha discutido en frecuentes ocasiones que los idiomas -relativamente- no son  inmutables, estáticos; al contrario, son estructuras  dinámicas, cambiantes y pueden responder a diferentes coyunturas: temporales, geográficas, sociales,  políticas, o de cualquier otra naturaleza.  Debe quedar claro, sin embargo,  que en todo sistema lingüístico organizado existe una lengua estándar o común, modelo, normalizada de acuerdo con reglas prescritas como correctas – naturalmente con  sus respectivas variantes -. Esta bitacóra no  pretende hacer adoctrinamiento de purismo en el castellano; no, sencillamente trata de buscar, establecer y mantener la identidad de la lengua de Cervantes: el español.
Al analizar algunas situaciones se observa que  con los avances tecnológicos  y científicos emergen nuevos términos que se van incorporando como parte del código,  en este caso, el español: son los neologismos que pueden darse con carácter de nuevas palabras, no procedentes de ningún otro idioma: sida, TNT, ADN, láser, etc. Los neologismos también se producen cuando llegan vocablos de otras lenguas sin  equivalentes adecuados, o son de traducción un tanto complicada; por ejemplo: hardware, software, CD,  CD ROM, web, Internet, bit, módem, chip, pizza, bumerán, y otras, que ya han sido incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) en calidad de términos recientes y de práctica normal en el  español. A pesar de que la Real Academia Española ha admitido estas voces, no significa que sea un hecho consumado, categórico; pues no se debe ignorar que la lengua es propiedad de los hablantes y son ellos quienes al final, en un proceso lento y coherente, determinan la normativa de su idioma. Sin embargo, los neologismos son perfectamente aceptables en nuestra lengua.
Pero  es común escuchar  palabras  como spot, light, daycare, babyshower, car wash. Cuál  es la razón por no decir espacio publicitario, sin calorías, guardería, fiesta para la mujer con prenatal, lavandería de carros,  que son las traducciones en español respectivamente; no hay razones fuertes para no hacerlo: son extranjerismos innecesarios que averían progresivamente al español.
 
Otra inquietud es si esa maravilla de la comunicación actual se escribe la Internet o el internet. Interner se ha convertido el  nombre propio la una red informática mundial y por ser red de género femenino está claro que será la Internet; sin embargo, se aconseja  tenerla sin artículo, pero sí con inicial mayúscula: Internet.
Se debate mucho sobre si  son correctas o no expresiones como los niños y las niñaslos profesores y las profesoras, los alumnos y las alumnas. Es bastante cuestionable esta situación. Pero como los países pobres, subdesarrollados, reciben lluvias de aculturación, está claro que aun son víctimas de la imitación lingüística foránea. Honduras es asediada por la mimesis norteamericana –anglicada- que es donde se ha iniciado el lenguaje políticamente correcto. Pero la tradición y la economía del lenguaje pesan sobre esa  innovación  diferenciadora de género que más que todo responde a imitaciones culturales de patrones muy distantes de esta realidad hispanohablante. Nadie puede obviar que emplear esta “moda” entraña complicaciones de estilo y hasta cierto punto resulta fastidioso: abogadas y abogados, alumnos y alumnas, niñas y niños especialmente cuando se trata de saludos, llamados de atención, vocativos, o al  presentarse eventualidades  de inexcusable aplicación. El masculino es incluyente, mientras que el femenino es excluyente: los profesores, los niños, los policías incluyen a ambos sexos; por consiguiente no hay necesidad de eso de las niñas y los niños.
Para soslayar este  embrollo impuesto en los últimos tiempos, en gran parte por los medios de comunicación y la educación formal ( escuela  primaria y secundaria, específicamente), se puede hablar de la niñez, el alumnado, el  profesorado. Así se estará hablando de masculino y femenino a la vez y no se  estropeará a ese lenguaje políticamente correcto.

Protesta o Manifestación

  • Categoría: General
Lunes
Ago 17,2009

protestasEn una adecuada comunicación es determinante precisar los conceptos que denotan las palabras. Esto es referido a lo que significa cada significante sin olvidar que también está la parte connotativa de la lengua. Pero en esta nota hablaremos de palabras en su acepción directa.
Por ejemplo, a veces no sabemos si en la representación consular de Estados Unidos nos van a negar o denegar una visa. O confundimos huir con fugarse, rentar con alquilar, carisma con popularidad.
Un oficial consular - digamos el de Estados Unidos en Tegucigalpa - generalmente no deniega la visa, simplemente la niega porque no da ninguna aclaración. Denegar es negar, pero dando explicaciones del porqué de esa negativa.

Leemos en los periódicos que “el delincuente sólo cometió la fechoría y se dio a la fuga”. Hay una diferencia semántica entre huir y fugarse. Varios pandilleros se fugaron del presidio sanpedrano a través de un túnel. Decimos que se fugaron porque ya estaban en la prisión. Cuando alguien ejecuta un delito y tiene la oportunidad de largarse antes de que lo capturen las autoridades correspondientes, decimos que huye, no que se fuga.
En algún momento pensamos que la lengua nos identifica nuestra posición cultural, social y económica. Allá en El Mochito yo nunca escuché que alguien rentara una casa; pero sí decían que la alquilaban. Debo aclarar que alquilar es un verbo un tanto ambiguo porque vale para el dueño de la cosa alquilada y también para quien paga por usarla. “Se rentan autos”, “renté un carro” son también frases ambiguas, igual que “se alquilan autos” y “alquilé un carro”.

Pero rentar - que se ha puesto tan de moda - es un anglicismo cuyo significado en español es “producir o rendir beneficio o utilidad periódicamente”. Si tengo algo y lo rento, entonces soy quien gana por esa actividad. Pero por la influencia inglesa, rentar y alquilar terminarán por ser sinónimos.

Una señorita afirmaba que el presidente Barak Obama es un hombre con mucho carisma. Etimológicamente, carisma es un don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad. Pero ya a inicios del siglo XX  Max Weber la introdujo en Sociología con el significado de “cualidad por la cual algunas personas se alejan de lo común, de lo ordinario, de lo cotidiano”. Y en la actualidad ha tenido la  denotación de atracción ejercida por algún líder, generalmente político. Sin embargo, no se debe abusar con esta palabra, pues se puede dar el caso de que un político sea popular, es decir, muy conocido por el público, pero que carezca de carisma.

Un verbo que está ampliando, erróneamente, su significado es “adolecer”. En un canal de televisión el comentarista afirmaba que una escuela de la Rivera Hernández adolece de moviliario y aulas adecuadas. Adolecer es causar dolencia o enfermedad; caer enfermo o padecer alguna enfermedad habitual; tener o padecer algún defecto: “Juan adolece de pereza”. Pero nuestro presentador de noticias, sin darse cuenta, confunde adolecer con carecer.

Hay tiempos en que los pueblos se revuelven quizá para reclamar o demandar derechos o señalar defectos observados en su seno; por ejemplo, en las últimas semanas aquí en Honduras ha habido muchas manifestaciones públicas, protestas, marchas. Leemos en los periódicos que “en la plaza hubo una gran cantidad de protestantes”; que “había una enorme manifestación de vendedores callejeros”. Pero nunca nos ponemos a pensar si esa gran cantidad de protestantes estará referida a religiosos, porque es posible que los cristianos no católicos tengan algo que reclamar y hagan sus protestas.

El diccionario de la Real Academia Española dice que protestante es el conjunto de comunidades religiosas cristianas surgidas de la Reforma Protestante de Lutero en el siglo XVI.

¿Qué es eso de mediático y poder fáctico?

  • Categoría: General
Martes
Ago 11,2009

Francamente que hay abusos léxicos y eso es parte de la negligencia que aparece cuando sentimos que estamos hastiados de escuchar o de leer. Quizá mis apuntes también resulten tediosos, pero estoy atento a los señalamientos que me hagan mis lectores, pues es la mejor forma para corregir mis faltas. Pero haciendo referencias a los excesos léxicos, debo  considerar algunos que observo con frecuencia.

“Estuve en la reunión de correctores de estilo; de hecho, es la primera vez que me invitan”. Qué aporte semántico ofrece ese de hecho, nada. Pero si quiero hacer más significativa la expresión, bien podría haber anotado: aclaro que es la primera vez que me invitan. Pero siempre estamos metiendo esta muletilla que nos lleva al agotamiento audioverbal.

Al socialismo se le opone el capitalismo y en éste encontramos al liberalismo (no pensando en un bando de corte  “progresista”) como una doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural. Si eso es lo que propugna el neoliberalismo, no veo una razón clara de nombrar a esta forma doctrinaria neoliberalismo, si es lo mismo que declaraba Adam Smith en el siglo XVIII: 1. ley de iniciativa 2. Ley de competencia 3. Ley de mercado. Apelo a los economistas para una mejor aclaración; lo mío es un poquito de lingüística empírica y nada más.

En estos últimos tiempos de crisis políticas en el continente americano ha alcanzado mucha relevancia el adjetivo mediático. Comentan sobre influencia mediática y hasta de terrorismo mediático y muchas personas desconocen el significado de mediático. Media, en español,  es la mitad de algo y de ninguna manera es un sistema de comunicación de masas; en cambio medio (aparte de otros significados) sí se refiere también a esto último: la radio es un medio de comunicación social. Pero en inglés media es un cualquier canal o sistema de comunicación, información o entretenimiento; de ahí es que los hispanohablantes hemos tomado la glamurosa mass media: medios de comunicación social (como los radios, televisión,  periódicos) diseñados para llegar a un público grande. No obstante, para nosotros son medios de comunicación y no medias. Pero el influjo anglofílico siempre está presente y aunque no decimos media, por lo menos hemos caído en el adjetivo mediático y esta pieza idiomática, tan trillada, ya es una modernidad léxica, incluso, aceptada por las autoridades de la lengua española (RAE). Pero, ¿no sería oportuno que de vez en cuando también dijéramos influencia periodística, terrorismo periodístico?, de esta forma lo de  mediático sería más entendido por la mayoría de nuestros receptores.

Y lo mismo sucede con la frase poder fáctico, que la veo un tanto peyorativa porque percibo que es algo por la fuerza; pero no es así. Empecemos por definir el concepto de poder desde un punto de vista sociopolítico: dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo. De ahí que hay poderes absoluto, constituyente, legislativo, judicial y otros más. Ahora definamos la idea de fáctico: Perteneciente o relativo a hechos.// Fundamentado en hechos o limitado a ellos, en oposición a lo teórico o imaginario. Y si aclaramos la definición de poder fáctivo vemos que es el que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee; por ejemplo,  la banca, la Iglesia, los medios de comunicación de masas. Sin embargo, la respuesta del poder fáctico dependerá de la capacidad del individuo para discernir entre lo bueno, lo malo y  lo indiferente. El poder fáctico no tiene carácter coercitivo.

Cándido Alvarado

Maestro de Educación Primaria, profesor de Educación Media con la especialidad en Letras y licenciado en Letras con orientación en Lingüística. Es corrector de estilo periodístico y editorial.

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