Juan faltó al trabajo porque se sentía cansado. A Roberto le faltó el deseo para triunfar. La primera oración es intransitiva; la segunda, transitiva. En ambos casos el verbo faltar opera con el mismo significado, pero con diferencias sintácticas.
Por qué vacilamos tanto con me faltó al respeto y me faltó el respeto. Las dos expresiones son gramaticales, pero con distintos conceptos. La primera se refiere a que alguien no me respetó en algún momento; esta confusión se debe a la contigüidad con la expresión perder el respeto a alguien. Son casos como Juan faltó al trabajo, muy distinto de Juan perdió el trabajo. Podemos asegurar que a Mario le faltó el respeto, esto es que al pobre hombre le hacía falta este valor, no lo tenía, carecía de él. Si mi hijo no me respeta, entonces diré que mi hijo me falta al respeto..
Sigo insistiendo por qué los medios de comunicación porfían en extremo con el ejecutan a dos ladrones, a dos mareros. Ejecutar, aparte de otros significados, es matar legalmente y hasta en inglés tiene esa acepción (to put to death in accordance with a legal sentence); por consiguiente, no se trata de un falso pariente de esa lengua. Por favor, entonces, dejemos de estarle deteriorando el concepto a este hermoso verbo.
Hay otra frase latina muy usada en inglés: pro tempore. Honduras tiene la representación pro tempore del Sica. En espa;ñol este adverbio no existe; sin embargo, ya se está usando con el significado de por mientras, en funciones, temporalmente y no tiene nada de malo, ya que nuestra lengua es hija legítima del latín. El asunto es de saberlo emplear con propiedad.
Pero para no perder la costumbre, ahora me fijo en una novedosa industria de servicios que también ha llegado a Honduras: los call centers. Ya nadie habla de central telefónica, del PBX, claro, son similares pero no iguales debido a los avances de la modernidad. De lo que sí me doy cuenta es por qué no queremos traducir esa frase: es una actividad originada en un ambiente inglés y es natural que sea dicha en esa lengua; sin embargo, no se justifica porque el castellano tiene sus equivalentes para tan chillante sintagma: centro de atención telefónica o centros de atención de llamadas.
En los últimos tiempos, los políticos están enfrascados en una lucha, según ellos para modificar leyes. Independientemente de cualquier objetivo, lo que sí está claro es que cada quien lucha por su estatus y el statu quo. ¿Qué será eso de status y statu quo? La verdad es que por intuición verbal todo mundo asocia ambas piezas léxicas con estado de cosas. Estatus es la situación social de alguien: los profesores tenemos un buen estatus; entretanto, statu quo es el estado o situación estable de las personas. Queda claro que status es una cosa y statu quo es otra.
Y qué será eso de plebiscito y referéndum. Los dos palabras se refieren a consultas populares y en algún momento podrían ser sinónimas; no obstante, ambas tienen orígenes distintos. El plebiscito apareció en Roma para que las plebes adoptaran y votaran resoluciones que les permitieran preservar y mejorar sus intereses ante la clase social poderosa de aquel momento: los patricios (pero no los de la Rodas). El plebiscito era creativo, pues producía leyes, formulaba decisiones y resoluciones. Mientras que el referéndum se originó en Suiza en el ocaso del Renacimiento para que el pueblo diera indicaciones a sus representantes sobre el sentido en que debían gobernar. El referéndum fue más que todo una modificación del plebiscito cuando en Francia finalmente adquirió carácter confirmativo o repelente, ya que ahora sólo ratifica, aprueba o rechaza leyes o decisiones, pero no las crea. Espero que algún lingüísta político nos dé una mejor aclaración del uso específico de estos dos términos en nuestra realidad actual.
Es muy difícil manejar con exactitud una buena cantidad de palabras, acaso por costumbre o por inconsciencia o porque como hablantes desconocemos la imagen mental de de los significantes que utilizamos al momento de generar un mensaje. Parece que a la mayoría lo que más nos interesa es entender (no tanto comprender) lo que dice nuestro interlocutor o darnos a entender más o menos con éste”
Es indudable que escuchar es poner atención a lo que se oye. Si queremos escuchar una canción debemos ponerle cuidado cuando la estamos oyendo. Muchas veces hemos oído determinada obra musical sin saber qué dice porque jamás la hemos escuchado. Lo mismo sucede cuando vamos por la calle y vemos una gran cantidad de cosas: rótulos, vendedores, personas y luego nos preguntan qué fue lo que observamos en la ciudad y contestamos que no nos fijamos en nada, andábamos en nuestras cosas y ya; esto es sencillamente porque vimos, pero no miramos. En la actualidad ver y mirar son sinónimos; empero, al trasladarnos a sus etimologías notamos que marcan diferencia semántica. Ver se origina en el latín videre y significa percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz. En cambio, mirar, siempre de lat. mirāri, admirarse, su primer significado es dirigir la vista a un objeto. Esto implica poner más a atención a la cosa que se ve.