No me explico por qué los mandatarios o altos funcionarios de los Gobiernos no preparan correctamente sus discursos, pláticas o respuestas a entrevistas. Inconscientemente creemos que lo que esos señores pronuncian es ad rem, indiscutible. Pensamos que son hombres de buen decir y con una clara facilidad de palabra. Pero no es así, porque todo va a depender del nivel educactivo que aquellos burócratas posean.
hace un tiempo, nuestro actual Presidente discriminó la pena capital de la de muerte. Era en un momento cuando este castigo le sería consumado a un compatriota en Estados Unidos. Mucha gente se rio de tal diferenciación, una separación absurda porque pena capital es lo mismo que pena de muerte. Y en Semana Santa el también mayor representante de los hondureños igualó Cuaresma con Semana Santa. Él no supo que la Cuaresma comienza desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo. En consecuencia, Cuaresma y Semana Santa no son sinónimos.
Insisto en un programa de la Asociación de Prensa Hondureña (APH) que casi siempre escucho en Radio América a las dos de la tarde. ¡Caramba!, cómo es posible que nuestros comunicadores sean tan negligentes y lábiles con su expresión linguística. En sólo diez minutos un periodista de los que dirigen ese programa empleó la frase al interior de. Qué le costaba decir en si aquella frase no encajaba en lo que el flamante informador trataba de decir. Al interior es hacia allá adentro; ejemplo: ”Voy al interior de mi país“.
En ese mismo programa de la APH (15 de abril) también dijo alguien que fulana de tal era miembra de esa institución gremial. Ya se ha hablado mucho de miembro y miembra y aún no hay acuerdo definitivo; mientras tanto, miembro tiene género común: el miembro y la miembro. No obstante, si una mayoría dijera miembra no habría de otra que aceptarlo, pero no es así todavía.
En los años ochenta hablar de comandantes era referirese a militares y también a jefes de ejércitos irregulares, es decir, líderes guerrilleros. Y lo mismo es aún. Pero también la palabra comandante se aplica en grupos de socorro, como los cuerpos de bomberos. No hay problema hasta aquí. Donde sí observo que la castrense comandante la emplean con tonos de exaltación a la personalidad es en un programa de un sindicato de maestros que se transmite todos los domingos en una radio de Tegucigalpa. Estos educadores del mencionado grupo gremial llaman comandante a su presidente y al resto de miembros de la junta directiva del sindicato. Cuando escucho ese programa me remonto a aquellos últimos años de la Guerra Fría e intuyo que aún hay personas -especialmente mis colegas maestros- que se congelaron en el tiempo. Qué dirán nuestros alumnos al estudiar lexicología, cuando les enseñamos los sinónimos y salimos con semejantes estupideces.
También leemos (y escuchamos) en los medios de comunicación social que el presidente de los empresarios sostuvo una reunión para hablar sobre el quinceavo mes. Sostener es sustentar, mantener firme algo; proseguir; prestar apoyo. Es posible que la plática de alguien sea tediosa y los interlocutores se quieran ir, entonces el expositor tiene que ver cómo sostiene esa conferencia. Pero en el ejemplo dado, lo que pasó es que el empresario tuvo, realizó, llevó a cabo una reunión y luego la finalizó. Tener, realizar, llevar a cabo no son equivalentes de sostener.
Por otra parte, Si se habla de quinceavo se está haciedo referencia a un partitivo; un quinceavo mes sería la cantidad de 367.00 lempiras si se considera conforme al salario mínimo de 5,500.00 lempiras. hay primer mes, segundo mes…undécimo mes, duodécimo mes, decimotercer mes, decimocuarto mes y el que viene: decimoquinto mes. Se llaman así por el orden en que van, son ordinales, no partitivos. Por consiguiente lo que se aprobaría en el Congreso nacional sería el decimoquinto mes, o sea un mes de salario además de los ya catorce existentes
Las necesidades obligan a crear palabras. Éstas se van formando lentamente, paso a paso, y entran en el contexto usuario por convenio espontáneo entre una comunidad de hablantes; después de su aceptación se ubican en el inventario léxico de la lengua receptora. Con el tiempo estos signos lingüísticos van padeciendo cambios no sólo de forma, también de significado, y vuelven a experimentar otro “origen”, desarrollo y aceptación social. Por ejemplo, no siempre el verbo hacer tuvo la forma actual, ni en sus conjugaciones, sufrió – y continuará sufriendo- una evolución; pero mientras tanto, y para no caer en la anarquía lingüística, se debe manejar como está definido en la actualidad.
La oración ese pantalón está rompido suena muy mal porque ese participio se considera una barbaridad morfológica. Hay razón. Sin embargo, rompido tuvo su momento de uso correcto muy entrado todavía el Renacimiento. Otras palabras como agora por ahora, fermosura por hermosura en un período histórico fueron de aplicación normal. La forma rompido hoy es un participio arcaico, en desuso; lo actual es roto.
Aunque fonéticamente corromper y romper comparten algún parecido gráfico y fonético, semánticamente nada tienen en común. No obstante, corromper admite dos participios: corrupto, cuando funciona como adjetivo o como sustantivo; ejemplo: Ese policía es corrupto. El corrupto no tiene cabida en mi gobierno. Y el otro, cuando actúa como verbo: El funcionario ha corrompido a sus empleados.
Otro ejemplo chocante para el habla culta es algotro, forma que no es arcaísmo ni barbarismo, significa algún otro; no obstante, sólo las personas con pobreza léxica, o educativa, emplean este indefinido. Iteramos: no es palabra fuera de orden, es válida, pero un tanto desfasada en la norma culta.
Pero también existen verbos que muchas personas los pronuncian con marcadas deformaciones. Es frecuente escuchar frases como Yo no quiero que haigan problemas. Aunque haiga venido no la voy a llamar. Se ve claramente que estos enunciados son atropellados por el erróneo manejo del verbo haber. La pronunciación corecta de cada unos de estos ejemplos es yo no quiero que haya problemas y aunque haya venido no la voy a llamar.
En halla, del verbo hallar – sinónimo de encontrar- la incorrección se presenta en la escritura. Como se ve, se escribe con ll. Y haya del verbo haber, siempre se escribe con y.
La abundancia léxica no se aprovecha en el español. Hay verbos que se han ido muriendo, o por lo menos están en agonía, en etapa terminal. Inician los partidos de fútbol, inician las clases, iniciaron las huelgas. Nadie comienza, nadie empieza, nadie origina, nadie emprende. Aparentemente iniciar es sinónimo de estos verbos que nadie quiere emplear; pero no es así, iniciar tiene sus propias aplicaciones que en otras de mis quijoterías se las aclararé.
Y no sólo los verbos son víctimas de maltrato sociolingüístico, también otras categorías gramaticales padecen destrozos en su pronunciación y escritura. Es tan común escuchar en cualquier medio ejemplos como ¡pasate el semáfaro, vos! Parece que el hablante asocia la segunda parte de esta palabra con faro por la luz que brilla en este aparato; pero no es así. La palabra correcta es semáforo (del gr. sema=señal y ´foro= que lleva). En consecuencia, es un patente barbarismo decir semáfaro.
Otra falta común del habla castellana es la pronunciación vulgar de cónyugue. Esta confusión fonética tal vez sucede porque en español hay una g suave: guerra; y otra g fuerte: geranio. Del verbo latino conjungere – unir en matrimonio- se derivó el sustantivo cónyuge (que comparte el mismo yugo), palabra esdrújula y con g fuerte: cónyuge.