De los sustantivos surge gran cantidad de verbos, y de los verbos proceden muchos sustantivos. Es una dinámica inevitable de la lengua. Hay miles y miles de verbos que nunca los hemos escuchado; otros, apenas los vemos en libros extraños y por eso es que se nos hace difícil conjugarlos. Podríamos decir que lo más fácil es que busquemos un sinónimo cuando no sepamos conjugar un verbo, pero esto ayudaría a empobrecer la lengua.
Los invasores asolaron todo cuanto encontraron. El pueblo quedó asolado. Estas dos expresiones tienen asolar como verbo nuclear. Asolar ( del latín assolares: derribar) es destruir, arruinar, arrasar. Pero hay otro asolar derivado de sol, cuyo significado es: dicho del calor, de una sequía, etc. Secar los campos, o echar a perder sus frutos.
Pero el asolar, derivado de assolare, es irregular y se conjuga como volar (vuela, asuela). De ahí que cuando en un barrio hay muchos mareros, éstos asuelan toda esa zona, porque la destruyen. En cambio, el asolar derivado de sol es regular y se conjuga como amar (ama, asola). Por ejemplo: los cultivos se asolan por las elevadas temperaturas.
Otros hablantes dicen indistintamente homenajar y homenajear. Homenaje da lugar al verbo homenajear, cuya conjugación es igual que desear (yo deseo, yo homenajeo; Carmen desea, Carmen homenajea). Otro verbo incómodo es rumorar, un verbo regular, y se conjuga igual que enamorar (yo enamoro, yo rumoro; tú enamorabas, tú rumorabas). Muchos hablantes dicen eróneamente rumorear: una sandez.
En la mayor parte de los medios escritos y radiales se habló mucho de una avioneta que se estrelló hace unos días en las cercanías de El negrito, Yoro. Se observaron algunas groserías expresivas. “El piloto murió calcinado“, decían casi todas la noticias. Calcinar es abrasar algo por completo, especialmente con el fuego. Si el piloto estaba calcinado es indiscutible que estaba muerto; ni modo que alguien pueda morir dos veces. El mismo error cometen estos señores cuando dicen murió ahogado, murió electrocutado; quizá no se dan cuenta que un ahogado o un electrocutado obligatoriamente está muerto.
Cuando decimos que algo es gratis afirmamos que no vamos a pagar nada. Por consiguiente no hay nada que sea medio gratis o parcialmente gratis. Nuestros publicistas y uno que otro escribidor de noticias dicen, por ejemplo, que las operaciones que hizo la brigada fueron totalmente gratis. Otra majadería sintáctica. Y de paso le dan una preposición antojadiza a ese hermoso adverbio: dicen que fueron de gratis. Se aclara en este cuadernillo que la preposición de sobra, porque simplemente se dice gratis; esta aumento preposicional lo propicia el cruce gratis con de balde que significan la misma cosa.
Pero los grandes escritores también cometen su errores (porque sólo hierran los que hacen algo) de vez en cuando y en ocasiones a sus correctores se les escapa uno que otro gazapo. En un texto del segundo capítulo de la primera parte de La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa dice: “Se abre la puerta del baño. Alberto ve la cara pálida del Esclavo: las literas lo degollan a medida que avanza“. El verbo degollar es irregular y se conjuga igual que contar. En este ejemplo lo correcto es lo degüellan. Porque Vargas Llosa - un grande de las letras españolas - o sus correctores de estilo hayan escrito mal ese verbo no significa que los tenemos que imitar, pues ellos, igual que cualquier otro ser humano, también se equivocan.
Somos tremendos para inventar palabras o para ponerlas en nuestro código muchas veces sin saber qué significan. Lo que importa es que esas palabrejas están de moda y no queremos quedarnos atrás o nos molesta seguir con nuestra lengua porque los ringorrangos de otros códigos nos identifican como más urbanizados.
En los últimos días nuestro Presidente ha creado unas comisiones con no sé qué objetivos, pero ya las ha formado. Hay una que se llama comisión de socialización de la crisis. Es posible que con eso de socializar lo que se busca sea transferir al Estado, o a otro órgano colectivo, las propiedades, industrias, etc., particulares. Pero miro que no hay relación entre las crisis y ese rimbombante vocablo. ¡Caramba!, será que los asesores de estilo de nuestro mandatario son tan pobres en semántica que no conocen el concepto de socialización (que también es promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona). Intuyo que nuestros filólogos oficiales al emplear socialización más se estén refiriendo a concertación, que son dos sustantivos distintos. Es cierto que este significante (erróneamente) ya se está empleando en muchas partes de América, pero eso no es suficiente para que nosotros continuemos con el atropello del español. Ya hemos dicho que socializar no es sinónimo de concertar ni de .
Los trabajadores de la palabra debemos estar muy atentos en nuestra labor para que lo que expresemos no se preste a la confusión ni al desorden idiomático. Analicemos este ejemplo:“El director del Fondo Monetario Internacional sostuvo una reunión con los presidentes de los Bancos Centrales de Centroamérica“, decía un reportero en un medio radial. Para el receptor común no hay problema cuando interpreta este mensaje, pero si lo lee detenidamente se dará cuenta que sostener nada tiene que ver en ese texto. Yo sostengo una caja pesada, sostengo mis ideas, sostengo a mi familia; pero jamás puedo sostener una reunión, sí puedo tener una reunión. Sostener es mantener algo firme, prestar apoyo, ayudar dar a alguien con lo necesario para su manutención, sustentar o defender una proposición.: Y aquellos señores no defendieron ni sustentaron una reunión, sencillamente la tuvieron, la realizaron, se llevó a cabo.
“La obra se concretizó y ya los niños tendrán una escuela con todo lo ncecesario. El Pery y Tyson concretizaron dos goles”. Lo concreto es lo captado por cualquiera de los sentidos básicos del ser humano: el color, la luz, el sabor, el ritmo. Todo esto se antepone a lo abstracto: el amor, el odio, la alegría. Sería más facil decir, entonces, que “la obra se cumplió y los niños ya tienen una escuela con todo lo necesario; o que el Pery y Tyson anotaron dos goles”. Concretar ha dado lugar a concretizar que, entre otras acepciones, no es más que reducir a lo más esencial y seguro la materia sobre la que se habla o escribe. Por consiguiente, los dos ejemplos anteriores no tienen razón de admitir este verbo, pero lo leemos a cada rato. El verbo concretar tiene muchos usos lógicos y son tan fácil de manejarlos, que no representan quijoterías.