Archivo para Febrero, 2009

Biosfera o biósfera, género y sexo

Jueves
Feb 26,2009

La acentuación es un suprasegmento lingüístico que en muchos casos funciona como instrumento prosódico o tonal; pero en otros es de aplicación significativa o distintiva.

Una cosa es parqué y otra es parque. La primera es un entarimado hecho con maderas finas de varios tonos, que, convenientemente ensambladas, forman dibujos geométricos.  Y parque, entre otros conceptos,  es un terreno destinado en el interior de una población a prados, jardines y arbolado para recreo y ornato. No obstante, hay parejas de palabras, como periodo o período, video o vídeo, y tantas otras, en las que el cambio de acentuación en nada afecta a sus conceptos, refieren lo mismo.

Cuando éramos niños nunca escuchamos que la maestra, o el maestro, nos dijera que la ésfera es una representación de la Tierra; aquellos educadores hablaban de la esfera – una palabra llana, no esdrújula ­­- ­; pero sí mencionaban que la capa de aire que rodea a la Tierra se llama atmósfera y no atmosfera.

Qué problema. Esfera se origina del latín sphaera, con acento fonético en la e, palabra grave o llana. Es natural entonces que todas las palabras compuestas por este étimo latino conserven la misma acentuación: ionosfera, litosfera, biosfera, geosfera, blogosfera, y todas las que se puedan ir formando. ¿Por qué decimos atmósfera, entonces? Quizá éste fue uno de los primeros términos que se formaron con spahera y la costumbre la fue transformando y ahora decir atmosfera - único caso- es caer en arcaísmo; esto no significa que sea incorrecto pronunciarla, aunque haya pasado al baúl de los recuerdos. Pero el automatismo de la arbitrariedad lingüística ha dado lugar a que todas estas palabras puedan ser paroxítonas o proparoxítonas: da igual decir biosfera que biósfera, troposfera que tropósfera.

Por influencia del inglés icono- palabra grave- ha sido convertida en esdrújula por los hispanohablantes y ahora es muy raro que alguien diga icono, casi todo el mundo emplea ícono. Ambas pronunciaciones son válidas.

El machismo verbal se resiste a salir de estos territorios occidentales. Suena insólito decir y escuchar “la fiscala de turno presentó las pruebas del delito”, esa ingeniera supervisa toda la obra”, “la arquitecta Núñez elabora buenos diseños” y peor, “María es médica y cirujana” - si en el título que otorga la UNAH siempre viene con la frase “Médico y cirujano” independientemente del sexo-. Parece que en el pasado todas estas profesiones estaban sólo para los hombres y eso causó denominarlas exclusivamente en masculino; sin embargo, ahora estos sustantivos admiten los dos géneros. Hubo y sigue habiendo carreras y cargos que desde mucho tiempo atrás han sido compartidas por los dos sexos y no hay ninguna disonancia en sus nombres: profesor-profesora, secretario-secretaria, director-directora. Por supuesto que hay nombres de oficios que por fonética o por causas morfológicas, como piloto, cabo, sargento, mayor, son siempre masculinos aunque esas designaciones sean compartidas por ambos sexos. Lo importante es que los hablantes van asimilando los morfemas del”genero” femenino cuando en verdad corresponde y con el tiempo se quedan como gramaticalmente tiene que ser y así se evita esa incómoda exclusión.

Es muy importante destacar que las palabras son poseedoras de género. Los seres vivos, como las personas, por ejemplo, no tienen género, sino sexo. Un ser humano o un animal es femenino o es masculino; pero las cosas, además de estos dos géneros, pueden ser ambiguas, comunes. El sexo señala una categoría biológica; el género, aplicado a los eres humanos, es de índole sociocultural. La influencia filoyanqui es determinante en estas cosas y como en inglés, género, además de la conceptualización gramatical castellana, denota sexo, también nosotros hemos terminado por establecer este sinónimo.

Oigo, luego podría escuchar

Miércoles
Feb 18,2009

Siempre hemos comentado en este cuaderno de bitácora que los sinónimos no son absolutos. En cambio, sí hay algunos antónimos terminantes: muerto-vivo, hombre-mujer.

Veamos el caso de los sinónimos de restar. El concepto básico de este verbo es quitar, deducir, disminuir: “Ese traje te resta personalidad” es lo mismo que “Ese traje te quita personalidad”. Pero ahora restar se usa como equivalente de quedar, faltar: “Me restan dos semanas para para salir de vacaciones” igual que “Me quedan o me faltan dos semanas paras salir de vacaciones”. Pero qué sucede al decir que “me restan doscientos lempiras para comprar un carro” porque más bien me faltan esos lempiras. Por consiguiente, restar, faltar y quedar son sinónimos contextuales, relativos, restringidos.

Ya hemos dicho en este espacio que con los avances de la informática también la lengua sufre mutilaciones. En las pantallas de televisión siempre estamos leyendo mensajes de texto -mensajitos- con palabras mal escritas, por ejemplo por q’, p’ q’ en vez de por qué, para qué. Pero ahora no hablaremos de esa plaga en la lengua escrita, sino de ese signo que lisia a nuestras palabrasa. Muchas personas dicen que esa marca en forma de tilde se llama apóstrofe. Pero apóstrofe es una figura retórica que consiste en cortar de pronto el discurso o narración para dirigir la palabra con vehemencia a una o varias personas presentes o ausentes, o a cosas personificadas. Observemos este ejemplo de apóstrofe.

¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
que me traes el retablo de mis sueños
siempre desierto y desolado, y sólo
con mi fantasma dentro…

Antonio Machado(1875-1939)

En cambio, el apóstrofo es un signo ortográfico () que indica la elisión de una letra o cifra. En castellano tuvo sus aplicaciones, pero ya no se usa, salvo en textos literarios no modernizados; sí se emplea en el catalán y francés. Por consiguiente, esa comita en la parte superior derecha de las palabras que tanto vemos en los televisores y en los mensajes de celulares se llama apóstrofo y es muy importante evitarlo para no caer en oscuridades semánticas.

No te escucho muy bien. Para escuchar primero hay que haber oído. No tiene sentido entonces asegurar que no te he escuchado bien. Definamos antes el concepto de oír: (del latín audire), percibir los sonidos con el oído. Oímos miles de sonidos y no nos damos cuenta, esto es por la inconsciencia del los actos. Cuando estamos trabajando y nos ponen música, en verdad sólo la oímos porque al final de cuentas no supimos de qué se trataban los contenidos de las canciones. La  acción de escuchar es voluntaria e implica intencionalidad por parte del sujeto, a diferencia de oír, que significa, sin más, percibir por el oído un sonido o lo que alguien dice, pero sin ninguna interpretación.

Pleonasmos y circunloquios

Miércoles
Feb 11,2009

Un jardín repleto de flores de variadas especies es interesante. Pero el propietario se preocupará porque ese lugar esté ordenado. Similar situación se da con la lengua que en su interior es un caos que se ordena al actualizarla con el habla o la escritura. Según Noan Chomski, la lengua tiene profundidad y superficialidad y es en este último momento cuando ya hay lengua realizada.

Igual que cualquier obra de arte, también la lengua es un medio para crear belleza: poesías, novelas, canciones, cuentos. Pero también tiene, quizá, su primera función: la representativa, que es cuando pretendemos exclusivamente  transmitir una información, sin hacer valoraciones sobre ella ni pretender reacciones colaterales en nuestro interlocutor; por ejemplo, cuando decimos: “En Honduras no nieva“, o “La Esperanza, Intibucá, tiene clima frío ” expresamos ideas claras, que no se prestan a otras interpretaciones.

La función referencial de la lengua responde a lo denotativo y la función poética está en sintonía con la connotación, es el espacio de la lengua donde el hablante busca llevar en sus palabras, no su significado propio o específico, sino ideas expresivas o apelativas. El asunto está en que a veces deseamos enviar un mensaje claro, convincente y sin saber queremos centrarnos no tanto en el mensaje sino en la forma, y es cuando viene el desencanto semántico por eso de la connotación verbal.  Y no se debe olvidar que hay más personas que tienen escasos deseos por leer que las que sí desean ver hasta el último detalle de un escrito.

La Policía no se hizo presente en el accidente. Según Lázaro Carreter, hecerse presente es una expresión que va más orientada a estar en actos solemnes: “El Presidente Zelaya se hizo presente en la fiesta de Chávez”. No creo que sea un acto de invitación cordial llevar a la autoridad policial a un hecho donde hay sangre. Este circunloquio se evita fácilmente: La Policía llegó al lugar de los hechos.

La presidenta de las damas rotarias hizo entrega de una donación al asilo de ancianos. Notamos a simpre vista, u oído, que hizo entrega de es un sintagma grande y cansino. ¿No sería más aceptable decir simplemente entregó?

Las clases darán inicio el 27 de marzo. Otro circunlonquio nada poético porque es más económico y menos tedioso anunciar que las clases comenzarán el 27 de marzo. Y hablando de iniciar, si algo se inicia jamás vuelve a quedar como antes, por consiguiente no tiene sentido decir reiniciar. Lo adecuado en todo caso es reanudar, retomar, proseguir, continuar.

El presidente Barak Obama ha aceptado la renuncia del secretario del Tesoro. No se observa que el nombre de ese mandatario sea precedido de un melodioso adjetivo como se acostumbra en nuestro país: El excelentísimo ciudadano presidente de la República ha inaugurado el hospital de La Lima”. Generalmente esto se estila en los discursos orales; pero vemos que son rodeos sosos y hasta cierto punto adulantes.

Y a propósito de presidente, el profesor Jorge Matute, periodista y presentador de noticias de un canal de televión de San Pedro Sula, me ha pedido que le aclare el femenino de presidente porque mi buen amigo el abogado Mario Berríos le ha reclamado que alguien de ese medio se refirió a la presidenta Michelle Bachelet. Mario insiste en que es presidente tanto en masculino como en femenino. Muy bien, veamos: presidente es la persona que preside algo. Por su terminación, puede funcionar común en cuanto al género: el o la presidente.  Pero el uso mayoritario ha consolidado el femenino específico presidenta y ambos géneros coexisten sin ningún problema; luego, también es correcto decir que la presidenta chilena vino a Honduras, platicó con el presidente Mel Zelaya y después se fue a Cuba.

Yo no soy el dueño de la verdad

Martes
Feb 3,2009

Alguien me mandó un mensaje para decirme que esto que aquí escribo es muy aburrido; no se lo discuto. Los asuntos teóricos de la lengua exigen que el lector, además del deleite, tenga alguna disposición intelectual para entender y comprender esas realidades; quizá somos muy pocas las personas que nos sentimos atraíadas por estos temas. Igual que mi sincero lector, yo puedo objetar tedio cuando me hablan de fútbol, pues no me gusta ese deporte; sin embargo, me encanta ver cómo otras personas gozan de esta disciplina y admiro cuánta gente comenta sobre ese popular deporte. En  mi casa son hinchas del Marathón y en todo caso de la Bicolor. Debo confesarles que bajó mi calificación en Periodismo Informativo, con el Licenciado Echeto, sencillamente porque no quise hacer una nota deportiva. Pero, itero, no me molesta que a otros les atraiga ir al estadio, escuchar por radio o ver los partidos por televisión.

Ahora quiero hablarles de algunas formas expresivas que nadie nos las explica. Para el caso supe por medio de la radio que la Secretaría de Gobernación y Justicia está cancelando las personerías jurídicas que no tengan razón de ser porque las organizaciones propietarias han desaparecido.

Les he preguntado a muchos abogados sobre el concepto de personería y me aseguran que no existe, que su nombre es personalidad jurídica. Tienen razón mis amigos juristas porque personería no aparece -en ese sentido, claro- en el diccionario de la lengua ni en los jurídicos. Yo no me niego a decir personería jurídica, pero el significante es personalidad jurídica. Está carta de personería cuyo significado es más o menos un poder representativo que se da para asuntos de carácter legal; pero eso ya es otra cosa. Claro que lo mejor es que alguien de nuestros lectores que esté muy bien familiarizado con la lengua jurídica nos ofrezca una mejor explicación al respecto, cortesía que agradeceríamos mucho.

Un comentarista radial alegaba que sólo hay testigos presenciales. que no existen otras clases de testigos. Creo que ese comunicador no anda muy bien informado sobre este concepto. Hay testigos de vista, que son aquellos que se hallaron presentes en el que caso que atestiguan, que miraron el hecho. También está el testigo de oído, éste depone o afirma de un caso por haberlo oído, no porque él lo miró. Hay testigos que escucharon el tiroteo y afirman que fue a medianoche

Otra expresión muy común y sin un significado documentado es relacionador público. Esta frase tan trillada no existe. Pero sí hay encargado, o jefe, de relaciones públicas, y también relacionista público, es decir, la persona cuya actividad profesional es, mediante gestiones personales o con el empleo de las técnicas de difusión y comunicación, informar sobre personas, empresas, instituciones, etc., tratando de prestigiarlas y de captar voluntades a su favor. No creo que haya un encargado de relaciones públicas que hable para comentar sobre lo malo de su empresa.

No podemos confundir al relacionista público (o encargado de relaciones públicas) con el vocero, éste, que comparte significado con portavoz, es la  persona que habla en nombre de otra, o de un grupo, institución, entidad, etc., llevando su voz y representación. Pero por razones, quizá de economía léxica, en nuestro medio uno y otro hacen las mismas actividades.

Hay algo que observaba en una nota social referida a la moda. Parece que unos famosos creadores no quedaron muy bien con los especialistas en esta actividad. Pero la información aseguraba que los artistas no habían convencido a los fashionistas. De plano se sabe que se trata de un innecesario y muy “personal neologismo”, porque sería cateto decir que es también es un anglicismo, pues en inglés tampoco existe tan ceporra palabra. Es indiscutible que el periodismo aporta mucho al idioma, pero no significa que sea un caos semántico sólo porque sus laboriosos comunicadores deseen “ser excéntricos filólogos”.

Un comerciante es ejecutado”. En la mayoría de medios de comunicación nuestros se leen titulares como el que comienza este párrafo. En la nota roja mexicana está muy en moda hablar de ejecutar gente comprometida con el crimen organizado. Yo estoy muy seguro que la distorsión de este verbo no surgió en los tribunales de justicia ni en los especialista de la lengua jurídica. Nació en el ambiente mediático. Pero es importante aclarar que ejecutar desde el punto de vista legal es un sinónimo de ajusticiar, cuyo significado es dar muerte al reo condenado a ella. Francisco Morazán fue ejecutado en Costa Rica porque de alguna u otra forma se le hizo un juicio. Una ejecución es una muerte legal, ordenada por un tribunal después de un trámite judiciall. Pero que perico de los palotes sea un ratero y una dama lo mate de un garrotazo no significa que ella lo ejecutó, simplemente lo mató o lo asesinó; o que la Policía tuvo que defenderse de unos bandoleros y los mató, no que los ejecutó.

Quizá éstas y otras sean puras quijoterías mías porque de lo que sí estoy muy claro es que yo no soy el dueño de la verdad.

Cándido Alvarado

Maestro de Educación Primaria, profesor de Educación Media con la especialidad en Letras y licenciado en Letras con orientación en Lingüística. Es corrector de estilo periodístico y editorial.

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