Archivo para Enero, 2009

Qué mal hablamos los profesores

Lunes
Ene 26,2009

En estas notas no tratamos de ser cazadores de faltas ortográficas, semánticas o de redacción, sabemos que errar es de humanos, aunque persistir en ello sea de necios. Tampoco se intenta reparar el mundo lingüístico con estas ideas. Lo importante aquí es aprender y compartir todo lo referente al castellano. Pero sí se debe prestar mucho interés en mejorar la comunicación para poder entender y comprender con mayor facilidad todo el entorno. Está claro que en la medida en que se sepa hablar así se captará y se definirá con exactitud todo aquello que encierra la realidad del diario vivir.

Alguien dijo que el lenguaje es el vestido interno de las personas. Según se hablamos así se nos conoce. Y nadie habla de lo que no sabe, hacerlo es tontería.

Unas de las personas  más llamadas a educar el pueblo somos los profesores -no los únicos- y no es nada agradable pensar que hay profundas deficiencias en cuanto a la competencia de la lengua que muchos maestros poseemos. No es posible que en segmentos radiales -entre tantos espacios de aplicación verbal- en los que hay un inmenso auditorio que está atento de todo cuanto se dice haya personas con tan mala dicción y pobreza de usos. Por ejemplo, los domingos en las dos más grandes cadenas hondureñas de radiodifusión se presentan programas de los colegios magisteriales y parece que quienes los dirigen no se percatan de la gran cantidad de errores de la lengua que ellos cometen.

En esas transmisiones dominicales, mis colegas llegan a lo cansino con frases como “La reunión se hizo a nivel de dirigentes”, “Hay problemas a lo interno del Ministerio de Educación”. No se dan cuenta los maestros que nivel nada tiene que ver en ese sintagma: lo correcto es entre dirigentes.  Al interior está orientado no para en sino para hacia: Voy al interior del país. Es lógico, gramatical, entonces, decir: que hay problemas  en el Ministerio de Educación. A lo interno es una fase tonta, agramatical porque interno significa que está u ocurre adentro, es un adjetivo y no un adverbio: Estuve interno en una clínica. José tiene un golpe interno.

No se concibe cómo un educador diga “Ya los pobres no podemos accesar a la educación“. En reiteradas ocasiones se ha aclarado que el tal accesar es un verbo inexistente en el castellano, pero los profesores con tenacidad rozna insistimos en practicarlo.

En uno de estos programas de mis colegas también escuchaba cuando uno de ellos decía que los cheques estaban saliendoen nombrede maestros que no trabajan. Si yo envío un cheque para Juan Hernández, ese documento va a nombre de esa persona, es para ese individuo, él es el destinatario y acreedor. Si emito un cheque va “en mi nombre” porque yo soy el emisor del título valor. Pero a estos colegas una y otra cosa les da igual.

Les quiero contar un cuento, valga la redundancia, anunciaba German. Bien pudo haber dicho les quiero relatar un cuento. Valga la redundancia es una manera de justificar el mal empleo de palabras de etimología igual aunque con distinto significado. Es un vicio del discurso que nace de lo farragoso de las palabras. Sin embargo, este uso vicioso lo pervertimos más cuando está sólo como tapón de alguna oquedad verbal. Pues bien, ahora -25 de enero- un dirigente magisterial dijo en la radio: “Esperamos que el Gobierno pague, valga la redundancia, hasta el último centavo a los maestros a quienes se les debe” . Qué diablos tiene que ver esa insustancial oracioncilla en ese discurso. Nada.

Otro educador decía en esos programas que el Inprema debería dedicarse a otros rubros y no sólo a prestar dinero. En la jerga económica de Latinoamérica rubro ha entrado como sinónimo de sector, campo, capítulo; sin embargo, la RAE aún no lo registra con esos significados. Qué más da entonces decir que imprema debería buscar nuevos tipos de invesiones. Pero los dirigentes de la educación son muy “modernos” con sus expresiones.

Es urgente que los maestros pongamos atención a esta situación porque al no hacerlo, no sólo caemos en el ridículo profesional, también somos cómplices del desorden cultural que sufre el castellano.

“A la altura” de El Mochito

Martes
Ene 20,2009

Es inexplicable por qué muchos comunicadores sociales se exceden tanto en la monotonía verbal, sin son personas que para ejercer su actividad están obligadas a mantenerse en constante actualización. El espacio físico (también hay espacios mentales) es muy importante en los medios escritos y es por eso que las notas deben ser claras, breves y precisas (sin menoscabo de la objetividad y la atracción del mensaje); pero muchos profesionales de la información parece que olvidan estas características de la noticia; manipulan palabras y conceptos y con ello lo que se logra es confundir al lector y a la vez depreciar el idioma.

El español - como otras lenguas - posee la sinonimia dentro sus relaciones de significado, algo que da mayor amplitud de expresión al hablante y qué mejor que se haga uso adecuado de los sinónimos para variar y enriquecer los momentos de la lectura.

A la altura de Villanueva se produjo un accidente automovilístico. En este ejemplo se observa la locución prepositiva a la altura de; que tiene sus aplicaciones específicas; el problema es su mal uso, que raya en el ridículo expositivo, si también están otras unidades sintácticas que dicen lo mismo (si es eso lo que se desea emitir): En las inmediaciones de…, en las cercanías de El Mochito. Pero la lipidia verbal del emisor también hace que se confunda esta locución con la preposiciones en, a, hasta en función de circustancial de lugar: El candidato llegó a la altura de Río Lindo. Los fugados fueron capturados a la altura del puente La Democracia.

Cuando leí estas dos notas supe que los hechos sucedieron exactamente en esos lugares: en Río Lindo y en el puente La Democracia. Los lectores con una mediana formación al decodificar tales expresiones se imaginan que todo eso aconteció cerca de esos puntos geográficos y no estrictamente ahí.

Otra frasecita un tanto hostigada es a nivel de con el equivalente de en el ámbito de, entre, en. Esta frase originalmente significa a la altura de: No estoy a nivel de tu posición económica“. Imagínese, amigo lector, que es frecuente leer o escuchar que “el problema se resolvió a nivel de padres de familia“, una verdadera tontería, si bien se puede emplear la preposición entre y expresar que todo se arregló entre padres de familia. También medio mundo abusa con eso que “nos están escuchando a nivel nacional“, que es correcto, pero para no jeringar al auditorio, bien se puede anunciar que “nos están escuchando en todo el país“.

Otro abuso del poder verbal se da con “iba a bordo de una motocicleta, de un carro, de un burro”. A bordo es estar en una embarcación y, por extensión, en otros vehículos. Comer a bordo de un crucero, de un bus. Pero perfectamente se puede acortar el texto y decir iban en una bicicleta, comieron en el bus. Pues se comprende con claridad que se trata de estar endentro de un vehículo.

Cuando agarramos una palabra es hasta que la “gastamos”. Leo titulares como Las autoridades del Banco Central prevén una baja en los intereses bancarios. Copeco prevé una larga temporada de calor. Prever significa ver con anticipación. Conocer, conjeturar por algunas señales o indicios lo que ha de suceder. También significa disponer o preparar medios contra futuras contingencias. Pero como los sinónimos no siempre son absolutos, cuando tengamos que usar prever debemos identificar el contexto para no caer en confusiones. Para variar se pudo haber dicho que el BCH vaticina, espera,  bajas en los intereses bancario. Que  Copeco pronostica una larga temporada de calor. Todo es cosa de saber ubicar estos sinónimos.

Leo y escucho un insistente verbo en las notas periodísticas: lucir. Lucir es brillar, resplandecer. Es llevar a la vista, exhibir lo que alguien se ha puesto, normalmente como adorno. También significa vestirse y adornarse con esmero. Pero nuestros comunicadores marran cuando afirman que el hospital Mario Rivas luce con poco personal, que las calles de San Pedro Sula lucen sucias y que la Gran Central Metroplolitana lució desierta el primero de enero.

Yo no veo cuál es la necesidad de revolver erróneamente palabras sin ninguna necesidad. Cómo se puede afirmar que las calles sampedranas brillan, resplandecen, se adornan con la suciedad, o que el Mario Rivas se vuelve atractivo con poco personal. Sería una verdadera paradoja.

Palabras y palabros: INDEXAR, SOCIALIZAR…

Lunes
Ene 12,2009

No sé por qué tenemos que estar enmarañando nuestras expresiones con palabras innecesarias o con giros culteranos, y en el peor de los casos con palabras sin sentido. Nosotros hablamos español y éste tiene una base estándar para que todo el mundo nos entienda y comprenda. Por ejemplo, un funcionario del Gobierno dijo:”Hemos socializado el proyecto con los habitantes de Meámbar”, esto según él porque ya se había puesto de acuerdo con aquellos vecinos. Que yo sepa socializar significa transferir al Estado, o a otro órgano colectivo, las propiedades, industrias, etc., particulares. También quiere decir promover las condiciones sociales que favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona. Pero ahora estamos insistiendo en pensar que socializar es consensuar (adoptar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes: “El proyecto de construir la escuela fue consensuado antes de ejecutarlo”). Si usted emplea socializar con el significado de unificar criterios, ponerse de acuerdo, está convirtiendo estea palabra en palabro.

En las notas “sociales” es común leer que “la tendencia es andar con el pelo planchado”. Sé que en español tendencia es la propensión o inclinación en los humanos y en las cosas hacia determinados fines: Chávez es de tendencia izquierdista. También es la fuerza por la cual un cuerpo se inclina hacia otro a hacia alguna cosa: El agua tiene la tendencia a buscar su cauce.

Es posible que ahora los muchachos tengan la tendencia a escuchar música en vez de leer; pero de ninguna manera esto constituye una moda. Pero nuestros comunicadores, sobre todo ellos, toman esta palabra con el significado de moda. Esto es porque en inglés existe tendency con su sinónimo trend. Trend, entre otros conceptos, también significa fashion (moda). Pero en español de ninguna manera tendencia es sinónimo de moda. Confundir tendencia con moda es una acoquinada imitación del inglés. Es en este caso un palabro.

Un alto funcionario de la Secretaría de Finanzas de Honduras ha dicho que los aumentos salariales de los maestros y médicos no se puede indexar al presupuesto estatal para 2009. Indexar es ordenar para establecer índices. Pero en el campo de la economía han inventado la lexía indexación, - no indexar - que es la evaluación periódica de una variable de acuerdo con los cambios de un índice de precios. Por ejemplo, la indexación en materia laboral, es la revisión automática fijada por ley o por convenio de los salarios, para adaptarlos al crecimiento de costo de la vida. Es decir, es la revisión automática de los salarios nominales, que consiste en ir aumentando regularmente, según el costo de vida.(Diccionario Social. htm). El gran problema es que esta palabra es privativa de la jerga económica y será muy difícil que el simple ciudadano le dé sentido a tan singular sustantivo, pues con ese significado no lo registra ningún diccionario de la lengua española. ¿No sería mejor haber dicho que a los maestros no se les puede aplicar o revisar un aumento en el nuevo presupuesto?. Esperamos que indexar no sea otro de nuestros palabros.

¿Racismo o discriminación?

Lunes
Ene 5,2009

Qué cosa más difícil sería querer homologar a las sociedades; es una idea imposible. Parece que este mundo es de egoísmo: unos somos más que otros y otros son más que nosotros. Es un axioma y de ninguna manera ideas opísculas porque jamás podríamos vivir en Utopía, esa ciudad ideal que don Tomás Moro planteó para suavizar los coflictos que se encierran en nuestras mentes.

He estado observando un anuncio en la televisión que trata sobre la oferta que hace el Seguro Social para las empleadas domésticas y los profesores jubilados. En ningún momento aparece ahí una anciano mentor protagonizando el filme propagandísticol; pero sí un dúo de “timidas” empleadas de oficios domésticos que quieren hablar por teléfoino para contarle, quizá, a un enamorado “que… que… que las empleadas domésticas ya tenemos seguro social”. Se nota que que las “actrices” del anuncio más parecen empleadas de oficinas que “trabajadoras de casa”.

Es manifiesto que en nuestro medio ser trabajadora doméstica denota un estigma de humillación y no de dignidad; una verdadera estupidez para quienes así opinan. La mayor parte de maestras de educación, enfermeras, secretarias y hasta “licenciadas” en cualquier cosa, cuando llegan a Estados Unidos o Europa con la intención de trabajar, lo primero que encuentran -si es que hay, pues - es un trabajo “en casa” (que por cierto no es tan mal pagado) donde limpian baños, pisos, asean viejitos, bañan y pasean chuchos (las nuestras en Honduras no hacen esto último) y no hay problema porque son trabajos y por consiguiente son honrosos allá y en cualquier parte del mundo. Pero aquí - por ignorancia cargada de asnería de mucha gente- la cosa cambia: hay una marcada discriminación desdeñosa por esos trabajos.

¡Ay, de un profesor o contador que le insinúen ir a trabajar de mesero!, se muere de la vergüenza, pero sí lo hace sin pensarlo más de una vez en otros países, claro, porque no lo conocen y muchas veces vivimos del qué dirán.

Pero, qué es discriminar, veamos: por una parte es seleccionar excluyendo: “yo no discrimino el inglés de Belice del de Jamaica”, o sea que no noto la diferencia. La otra es una definición sociológica: Dar trato de inferioridad a una actividad, persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Según este concepto, nosotros sí discriminamos socialmente a ciertos labores. El problema es que el concepto se determina en un contexto determinado y no en todos: si yoy profesor aquí lo seré donde sea.

Un gringo de Filadelfia me aseguró que hispanos (o latinos) y negros éramos la misma cosa. Este anglosajón no estableció discriminación racial entre estos dos grupos; claro que su comparación la hizo no por solidaridad, sino por actitud peyorativa u ofensiva. Pero mi sorpresa es que en esa misma ciudad del estado de Pensilvania, mis paisanos “mestizos” hondureños me pidieron que no me fuera a tomar una Budwaisser porque era cerveza de negros y que tampoco me metiera en la alberca porque había muchos negros en esa instalación. No hice caso a ninguna de esas observaciones porque las consideré - además de ofensivas- pedestres, prosaicas y jurásicas.

Ahora bien, qué cosa es racismo: es la doctrina que exalta la superioridad de la propia raza frente a las demás, basándose en caracteres biológicos:. Y la definición más clara y usual: sentimiento de rechazo hacia las razas distintas a la propia. Sin embargo, en una ocasión reciente escuché que en el hospital Mario Rivas no atendieron a un anciano enfermo y que éste iba a demandar por racismo a las autoridades de ese nosocomio. Supe que el senil no era negro, chino, gringo, sino un hombre mestizo. ¿Qué diablos tiene que ver el racismo con este caso? Nada. Pero sí tuvo razón de ser esta palabra cuando una diputada negra alegó racismo porque algún congresita se portó malcriado con ella y él hizo enfatizó en el color de la parlamentaria.

Por supuesto que hay relaciones entre discriminación y racismo, pero no toda discriminación es racismo. Ahora cualquier acto contradictorio que tenga que ver con la discriminación lo vemos como racismo y no siempre es así. Para el caso, aunque hay una ley, a los minusválidos no se les hace muy facil lograr un puesto de trabajo (indudablemente por sus situación física); o si en una institución hombres y mujeres hacen la misma labor y a éstas les pagan menos, en ambos casos hay es discriminación, no racismo. Si en un centro de trabajo, de estudios, hospital, iglesia, no admiten personas de ascendencia china, por ejemplo, ahí hay racismo. Este comentario lo hago porque ya empiezo a escuchar confusiones en estos dos sustantivos por parte de algunos trabajadores cuya materia prima es la palabra.

Cándido Alvarado

Maestro de Educación Primaria, profesor de Educación Media con la especialidad en Letras y licenciado en Letras con orientación en Lingüística. Es corrector de estilo periodístico y editorial.

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