Toso los pueblos tenemos cultura. Veamos un concepto general de esta palabra: “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”. Según esta idea, no hay ninguna sociedad que carezca de cultura; sin embargo, hay formas más fuertes que otras y son las que imperan. Esto conlleva variables que determinan si una forma de vida, una filosofía o un lineamieto social se impondrá o no en una colectividad.
Los españoles destruyeron (con un castellano incipiente) una gran cantidad de lenguas en América, tiraron por la borda los esquemas religiosos y artísticos de nuestros aborígenes. Todos sabemos que los peninsulares emplearon la persuasión y la fuerza para acomodar sus ideas a los conquistados. Éste sólo es un ejemplo de aculturación avasalladora.
Casi todas casi todas nuestras formas de vida son una herencia de la “madre patria”; somos en la mayor parte católicos, por ejemplo. Es una realidad que aunque tengamos similares actitudes sociales, cada país marca diferencias idiomáticas; es decir, toda comunidad tiene su propia norma lingüística, algo que nada tiene que ver con el conjunto de rasgos o reglas gramaticales que coinciden con el buen uso de la lengua. Eugenio Coseriu considera la norma en el plano de abstracción lingüística situado entre el sistema y el habla. Esa norma serían las realizaciones prototípicas en el caso de los alófonos o las construcciones gramaticales estándares.
Si nos fijamos bien notaremos los diferentes alófonos de los hondureños con los hablantes hispanos de otros países. Los mexicanos pronuncian fuerte la “j” dicen “kaja”, nosotros, “k”"aj..a”; los argentinos dicen “kabasho”, nosotros “kabaio” (es común observar que muchos hondureños jugadores de fútbol cuando se quedan un par de meses en Sudamérica vienen hablando con esa norma). Los dominicanos del sur confunden la “r” final por “i” y dicen comei, caminai. El puertorriqueño pronucia la “rr” múltiple como “j”: “pejo por perro“, también cambian la r por l al final: cantal por cantar (éste último alófono es compartido con muchos sectores poblacionales cubanos).
Todas las comunidades hablantes tenemos una norma lingüísta establecida. Pero también están los regionalismos; de los cuales no nos podemos abstraer; los dominicanos nombran habichuelas a lo que nosotros conocemos como frijoles maduros - que en otras partes se llaman fréjoles, frijoles, judías, alubias-. María trabaja en una pollera aquí en San Pedro Sula, vende pollo frito; pero para algunos sudamericanos una pollera es una falda externa de vestido femenino.
Tanto los alófonos como los regionalismos conforman una relidad cultural de la lengua y son signos de identidad cultural de cada grupo de hablantes. Pero qué raro sería que de pronto saliéramos hablando como argentinos o como puertorriueños, nos miraríamos “graciosos”; habríamos perdido la auntenticidad. Y peor si no supiéramos decodificar sus términos, quedaríamos en el ridículo. Lo hermoso de este asunto es que seamos capaces de comprender y darnos a comprender con cualquier hablante independientemente de donde sea. Se preguntarán cómo, facil: siempre hay un español estándar, ese que se adquiere con la buena lectura y formación de calidad y que en cualquier parte del mundo hispano se comprende.
¿Qué es lo malo? Que nuestros modernos “cantantes” locales son tan indigentes de erudición que les pasa lo de la India María: ni de aquí ni de allá porque cuando entonan una “pieza musical” no se sabe si son boricuas, cubanos, dominicanos u hondureños por la esperpenta mezcla de alófonos y regionalismos ajenos al castellano catracho. Claro, esta zafiedad verbal no es sólo de los nuestros, también se da en los pueblos que están muy dominados por las culturas de exportación económica. Pero esto no nos inhibe de ser sui géneris como -por ejemplo- nuestros vecinos colombianos que en cualquier parte del mundo se les conoce por su ballenato y la cumbia; a los mexicanos por sus mariachis. Aquí también hay suficientes valores del arte que pueden hacer que esto no se convierta en una de mis quijoterías.
La sociedad de consumo ha inventado, o despertado, una gran cantidad de conceptos: estrés, bulimia, anorexia. También han aparecido frases justificantes: comprador compulsivo, estar en forma, y otras tantas.
La influencia del pensamiento nuestro es occidental y aún se mantienen muchas de las ideas de Aristóteles (con su empirismo) Platón y Sócrates. A finales del siglo IV antes de Cristo surgió la escuela filosófica de los estoicos; estos pensadores propugnaban por vivir conforme a lo que la naturaleza ofrecía. Para los estoicos éste era el ideal del auténtico sabio. Afirmaban que la felicidad radica en librarse de las pasiones, en el sosiego del alma, en la indiferencia. Con estos principios no habría alcanzado desarrollo el capitalismo, tampoco tendríamos los famosos compradores compulsivos - aquellos que gastan a lo loco-; personas enfermas porque aun pudiendo no comen por estar en “forma”. Pero el humano es un ser libre, piensa y decide lo que va a hacer y no hay filosofía que lo ponga en su lugar. Es cosa sólo de madurez, pensar y saber hacer bien las cosas.
No obstante, muchos de estos fundamentos continúan vigentes por millones de personas que siempre persiguen un ideal práctico de la vida. Pero también otros buscamos el despilfarro (gasto excesivo y superfluo) y luego nos estamos lamentando. Es posible que se caiga en la prodigalidad por irracionalidad o por simple ignorancia, (comprendemos más el entorno si hay conocimiento, estudio, formación) y muchas veces nuestra gente parece que no discierne las consecuencias del derroche.
La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee) lleva ya muchos años de hablar de crisis económica y últimamente ha caído en la explotación indiscriminada de sus abonados con el abusivo ajuste por combustibles. La Enne es una de las empresas estatales más negligentes que tenemos los hondureños; parace que en todo momento está deseando que alguien la tome y terminar por completo en manos privadas. Nuestra institución energética tiene en sus manos hacerse más competitiva si pone un poco de su parte.
Hace una semana pasé por la primera avenida suroeste de San Pedro Sula. Allí están ubicados los vendedores ambulantes (que en este caso se convierten en estacionarios) y observé que en un día claro a las once de la mañana, había cuarenta focos incandescentes encendidos en cada uno de esos cobertizos donde exponen sus ventas los famosos comerciantes informales. No miré ningún medidor de energía en esos chiribitiles. Pasé por la noche por ese mismo lugar e igual, los focos continuaban encendidos, aunque ya los caramancheles estaban cerrados. ¿Quién paga esa energía? ¿quién controla esto? No lo sé. Se imagina, usted amigo lector, cuántos kilovatios se pierden sólo en esos locales. Estas personas no actúan por maldad, lo hacen porque carecen de conciencia - no son muy amigos de Descartes ni de Espinosa- respecto al daño social y económico que provocan; para ellos más bien apropiarse inadecuadamente de este servicio es un acto de “inteligencia”. Y mientras tanto, los anuncios de los focos ahorradores que nos “regaló” la Alba siguen abundando en los medios de comunicación: otro dispendio publicitario más del Gobierno.
Y hay otra forma de dilapidación que practica la Enne: es la sustracción continuada de electricidad de miles de “clientes”. La empresa energética manda a revisar un medidor por sospechas de hurto, quizá lo cambian, pero en ese mismo día el delincuente vuelve a “modificar” su aparato y el ilícito continúa. Otros fascinerosos son aún más directos: roban corriente sin tener que comprar el marcador. Fue muy halagadora la idea de instalar contadores computarizados, pero esto sólo se hizo en ciertas zonas y dejaron al resto haciendo de las suyas con el raterío de electricidad. Hay en verdad un marcado descuido y apatía en la Enee.
Y hablando de despilfarro, en esta Navidad las compañías de telefonía móvil han estado manipulando el pensamiento de todo aquel que disponga de algún dinero para crearle la necesidad de un aparatito de comunicación. No se puede negar que el teléfono celular evita muchos problemas y propicia infinidad de buenas oportunidades, igual que un automóvil, una computadora, por ejemplo. El problema está en no necesitar ninguna de estas cosas, tenerlas por pura superfluidad; para qué podría necesitar yo un Iphon 3G cuyo costo anda por los 600 dólares, si uno de esos baratos hace el trabajo básico: poner a las personas en comunicación; a un empresario, en cambio, sí le sirve ese artilugio por la serie de actividades que ese señor tiene que hacer: recibir correo electrónico, tomar notas, etc. Pero es más fácil ver vacío un supermercado (que vende alimentos, algo vital para los seres humanos) que una tienda de celulares. Son enormes las filas de personas que con númerto en mano están esperando que les atiendan para comprar un complejo telefono móvil que quizá sólo lo utilizarán para escuchar música, tomar fotografía o sencillamnte para llamar la atención de sus amigos.
Empero, en la estatal Hondutel, que también vende el servicio de telefonía celular, no se ven esas tediosas filas para comprar aparatos, sino para hacer una serie de reclamos por la ineptitud, desorden administrativo y desidia que deambula en esa empresa. En cualquier negocio de comunicaciones hay un minimo de atención al cliente que va más allá de Hondutel. Por ejemplo, usted reporta una línea telefónica en mal estado, puede pasar semanas, meses y hasta años para que sea reparada, algo que no sucede con las empresas privadas. Entonces cómo no nos van a estar ganando el mandado las privadas si todo lo estatal sólo es piñata para quienes las dirigen.
Nosotros, con nuestra indiferencia e incuria, hemos puesto en manos particulares todos aquellos servicios que por ley han sido privativos del Estado;, aunque no siempre esto sea bueno, pues se ha comprobado que cuando hay privatización viene la explotación desmesurada y de paso la mediocridad. Universidades que preparan ingenieros en un par de años, que ofrecen maestrías de unas semanas; escuelas privadas en manos de mecánicos, empresas mercantiles de agua que encarecen el líquido en lugares donde más abunda.
Pero todas estas situaciones se podrían evitar si fuéramos más racionales en nuestras actuaciones, si exigiéramos que los mandos mayores e intermedios de nuestras empresas gubernamentales tuvieran decisiones coherentes y de beneficio nacional al momento de dirigir la cosa pública. Si no lo hacemos terminaremos sin tener lo uno ni lo otro, todo por ser insensatos en el manejo de nuestros bienes nacionales. Y lo mismo tenemos que hacer con nuestra economia personal: saber invertir y cuidar el dinero.
En este nuevo año meditemos que (dice mi amigo Dennis Arita dice que son refranes de barbería) “si compramos lo que no nos hace falta no tendremos lo que nos hará falta”,
No todo acto justo es legal ni toda ley es justa. Es indudable que el hombre ha creado las leyes para vivir en orden sin afectarse él ni sus semejantes. Si alguien mata a otro tendrá que ir a la cárcel;muchas veces se comete esta acción en defensa propia -que sería justo hacerlo-, pero si la ley se le tuerce al juez, el defensor de su vida va a las ergástulas: he ahí la injusticia de la ley. También se puede dar el caso opueto. Pero dura lex sed lex. Lamentablemente nunca ha habido un instrumento coercitivo capaz de controlar los desmanes de los mismos creadores de las leyes: los hombres
¿Qué es ley desde el punto de vista juríco? ” Es el precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados“. (DRAE). Las leyes humanas son producto de la razón y en consecuencia tienen enormes fallas y desigualdades. Para nosotros tener dos esposas es ilegal y antiortodoxo; pero en otras partes del mundo es algo de ley y no arrastra ningún problema moral; lo que para éstos es asunto dianoético, para nosotros implica una situación de ética. No sucede así con las leyes naturaleslas que se definen como “cada una de las relaciones existentes entre los diversos elementos que intervienen en un fenómeno“. Si hacemos pasar vapor de agua por un tubo cubiero de hielo saldrá agua en estado líquido y no humo; ésta es una ley natural porque es valida universalmente.
Ahora bien, ¿qué es derecho?. Esta palabra es homógrafa de otros conceptos y puede representar varias ideas: “recto, igual, seguido, sin torcerse a un lado ni a otro”. Por ejemplo: Vas por rumbo derecho. También puede referirse al “conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva”: Me asiste el derecho de salir en libertad bajo fianza. Además, el Derecho es la ciencia que estudia estas normas y preceptos. Los seres humanos tenemos derechos. Es obvio que si tenenemos derechos es porque también tenemos deberes.
No obstante, hay leyes humanas que en la práctica son naturales; por ejemplo el respeto a la vida. Yo no creo que en ninguna parte del planeta sea legal arriegar la vida de una persona por estacionar un carro en un espacio peatonal -aceras, parques-. Empero, en esta ciudad, “la que más crece desde Mexico hasta Colombia”, - quien dijo esto es que nunca ha salido de aquí- no hay respeto para las personas porque en cualquier parte se observan aceras cerradas al peatón porque a perico de los palotes se le antojó dejar su automóvi en la banqueta (como le dicen en México) y no hay manera alguna para evita semejante vileza.
La Municipalidad de San Pedro Sula se vovería la más acaudalada del Hemisferio Occidental si implementara un instrumento jurídico auxiliado por un cuerpo represivo que hiciera respetar y cumplir con las normas de tránsito. Como un ejemplo, debo relatarles que en una hora y media - mientras estaba esperando que vinieran a ayudarme a reparar mi carro - conté veinte rapiditos y diez taxis que cruzaron el semáforo en rojo, además de tres carros particulares. Por lo menos en ese lapso se habrían conseguido no menos de 19,800 lempiras. ¿Cuánto sería en todo el día?. Pero nuestras autoridades no tienen ningún interés en modernizar sus actividades de control vehicular ni en educar al ciudadano. Cuánto ganaría la Municipalidad multando a miles de choferes que obvian los derechos de otros: ¡millones de lempiras en el mes! Habría un buen ingreso y “a sangre” aprendería la gente a ser respetuosa.
Y no sólo se trata de los carros estacionados en las aceras. Cualquier persona que desee instalar una comida callejera se ubica en esos andenes y no hay poder gubernamental ni fáctico que alce su voz de protesta. No es que haya mala voluntad de los violadores de nuestros derechos, sencillamente actúan más que todo por la falta de una mediana formación cívica y moral: ignorancia rucia. El respeto es producto de una colectividad, se aprende y se fomenta; pero también se puede desfigurar según sea la conducción moral de esa sociedad. Y sin respeto el concepto de “derechos humanos” está quebradizo, endeble y casi roto.
Todos sabemos que cuando comenzamos un escrito o después de un punto, lo hacemos con letra inicial mayúscula. También aprendimos que los nombres propios, apodos, algunas antonomasias, también van con mayúscula inicial. Hay mayúsculas que son de carácter puramente gramatical y otras que hacen el oficio de diacríticas o distintivas (son las que sirven para diferenciar significados). En uno u otro caso, vale la pena conocer los usos de estas grafías.
Escribir el presidente de Honduras o el Presidente de Honduras aparentemente no cambia en nada el significado. Pero si anotamos “el presidente pasado nos hizo quedar mal” sí que nos puede dar problemas porque no sabemos a qué presidente nos referimos; podría ser el presidente del Olimpia, de una cooperativa o el de la nación. Igual acontece con la palabra gobierno: Carlos tuvo un buen gobierno. El Gobierno de Maduro creó nuevos impuestos.
Primero definamos el concepto de presidir: “Tener el primer puesto o lugar más importante o de más autoridad en una asamblea, corporación, junta, tribunal, acto, empresa, etc”. Por consiguiente, presidente es la persona que ocupa el puesto más importante de una colectividad u organismo: Giorgio Napolitano es el presidente de Italia. Nuestro Presidente anda de viaje.
Ahora definamos el plerema de gobernar: Mandar con autoridad o regir una cosa. Manejar o dominar a alguien; luego pensemos en el significado de gobierno: Conjunto de los organismos y personas que dirigen una nación, y las funciones que desempeñan. Tambien es la acción y efecto de gobernar o gobernarse. (tanto en singular como en plural)
Pero, ¿qué pasa con el presidente? Dice el DPD que los títulos, cargos y nombres de dignidad como rey, papa, presidente, ministro, etc., se escriben con minúscula cuando aparecen acompañados del nombre propio de la persona que los posee, o del lugar o ámbito al que corresponden; por ejemplo: El Presidente no ha resuelto el problema de los maestros o El presidente Zelaya estuvo en la reunión de Sieca.
No hay ninguna regla o excepción que señale que cardenal, obispo y arzobispo se inicien con mayúscula, a menos que comiencen el texto: “El obispo auxiliar de San Pedro Sula”, “El cardenal Óscar Rodríguez”, “El arzobispo se quedó en silencio”.
Queda claro entonces que se escribe: “El ministro Arístides Mejía preparó a su equipo” o “El Ministro preparó a su equipo”, “El Secretario de Educación no se entiende con los profesores”, “El secretario Marlon Brevé ya se entendió con los maestros”.
En las siguientes notas continuaremos dando ideas sobre estas quijoterías de las letras mayúsculas que tanto dolor de cabeza producen a los trabajadores de la palabra escrita