Este pasado 26 de noviembre, a las 3.00 de la tarde, en Radio América, escuché a un miembro de la Asociación de Prensa Hondureña (APH) que insistía en aconsejar a que los periodistas aperturaran su correo electrónico en el sentido de hacerlo, prepararlo; lo repitió, en forma alterna, en tres oportunidades. No le puse atención para quiénes era la exhoración, pero sí a semejante tontería.

En iteradas veces hemos abordado el problema de esta corrupción verbal, que sobre todo son los “banqueros”  los neofilólogos que han creado ese adefesio de la lengua. Apertura y abertura tienen un mismo origen latino, las dos se refieren al acto de abrir, dar principio; pero en ambas hay diferencias de uso: Mi pantalón tiene una abertura en la pierna, no una apertura. Ni modo que se inventaran el verbo aberturar, sería el colomo de la vulgaridad. O Se anuncia la apertura de una nueva universidad, no la abertura.

Apertura es la acción de abrir; por ejemplo: aperturas de cuentas de ahorro, apertura de la matrícula, la apertura de la carretera de Olancho. No hay verbo aperturar, sino un sustantivo: apertura.

Es evidente que los empleados financieros no son profesionales de la palabra y por pura tarda comodidad han creado ese inútil tecnolecto: aperturar. Pero los periodistas sí están obligados a conocer y manejar la lengua. Los comunicadores tratan con masas y lo que ellos expresan es tomado como algo ex catedra por sus receptores. Es inconcebible entonces que un informador sea tan lego, tan parvo y tan limitado en el conocimiento de un campo que es su materia prima de trabajo: la lengua. No quisiera pensar que la actitud del periodista que habló de aperturar correos electrónicos se trate de un caso de sociolecto pobre, o sea que la escolaridad del hablante no sea de adecuada aceptación para el trabajo de un profesional de la información.

Los neologismos surgen por necesidad, porque no hay palabras para el concepto que definen: sida, alzhéimer (aclaro que si va precedido por el sustantivoi enfermedad se escribe en mayúscula: enfermedad de Alzhemer), endoscopia, sotware, son ejemplos. Pero si ya hay significante para qué insistir en préstamos estériles. Y peor, para qué tenemos que estar inventando palabrejas.

Me llama la atención una muchacha que presenta noticias en un canal de esta ciudad. Barrunto que esa encantadora mujer no tiene un ápice del significado geográfico de sector: parte de una ciudad, de un territorio o de cualquier otro lugar; por ejemplo: Hubo dos cabildos abiertos en el sector Chamelecón celebrados en la colonia Panting. La colonia Panting está en ese sector. Pero esta presentadora nunca omite el cansino sector en sus transmisiones; ella siempre está diciendo frases como “La Policía visitó el sector Villaflorencia. E l candidato andubo en el  sector Juan Lindo y en el sector Medina“. ; Por supuesto que hay sectores convencionalmente establecidos en la ciudad; para el caso esté el sector López Arellano, que incluye una serie de villorrios y colonias a su alrededor. Otro sector es el de Cofradía que reúne a una cantidad de barrios y caseríos como Brisas del Valle, La Fortaleza. Pero cuando se trata de una zona en especial, nada le dificulta decir a mi presentadora barrio Medina, colonia Juan Lindo; pero ella se ha olvidado, o la ha soslayado, de la copiosa sinonimia del castellano.