Archivo para Noviembre, 2008

El convencionalismo de la lengua

Domingo
Nov 30,2008

Este pasado 26 de noviembre, a las 3.00 de la tarde, en Radio América, escuché a un miembro de la Asociación de Prensa Hondureña (APH) que insistía en aconsejar a que los periodistas aperturaran su correo electrónico en el sentido de hacerlo, prepararlo; lo repitió, en forma alterna, en tres oportunidades. No le puse atención para quiénes era la exhoración, pero sí a semejante tontería.

En iteradas veces hemos abordado el problema de esta corrupción verbal, que sobre todo son los “banqueros”  los neofilólogos que han creado ese adefesio de la lengua. Apertura y abertura tienen un mismo origen latino, las dos se refieren al acto de abrir, dar principio; pero en ambas hay diferencias de uso: Mi pantalón tiene una abertura en la pierna, no una apertura. Ni modo que se inventaran el verbo aberturar, sería el colomo de la vulgaridad. O Se anuncia la apertura de una nueva universidad, no la abertura.

Apertura es la acción de abrir; por ejemplo: aperturas de cuentas de ahorro, apertura de la matrícula, la apertura de la carretera de Olancho. No hay verbo aperturar, sino un sustantivo: apertura.

Es evidente que los empleados financieros no son profesionales de la palabra y por pura tarda comodidad han creado ese inútil tecnolecto: aperturar. Pero los periodistas sí están obligados a conocer y manejar la lengua. Los comunicadores tratan con masas y lo que ellos expresan es tomado como algo ex catedra por sus receptores. Es inconcebible entonces que un informador sea tan lego, tan parvo y tan limitado en el conocimiento de un campo que es su materia prima de trabajo: la lengua. No quisiera pensar que la actitud del periodista que habló de aperturar correos electrónicos se trate de un caso de sociolecto pobre, o sea que la escolaridad del hablante no sea de adecuada aceptación para el trabajo de un profesional de la información.

Los neologismos surgen por necesidad, porque no hay palabras para el concepto que definen: sida, alzhéimer (aclaro que si va precedido por el sustantivoi enfermedad se escribe en mayúscula: enfermedad de Alzhemer), endoscopia, sotware, son ejemplos. Pero si ya hay significante para qué insistir en préstamos estériles. Y peor, para qué tenemos que estar inventando palabrejas.

Me llama la atención una muchacha que presenta noticias en un canal de esta ciudad. Barrunto que esa encantadora mujer no tiene un ápice del significado geográfico de sector: parte de una ciudad, de un territorio o de cualquier otro lugar; por ejemplo: Hubo dos cabildos abiertos en el sector Chamelecón celebrados en la colonia Panting. La colonia Panting está en ese sector. Pero esta presentadora nunca omite el cansino sector en sus transmisiones; ella siempre está diciendo frases como “La Policía visitó el sector Villaflorencia. E l candidato andubo en el  sector Juan Lindo y en el sector Medina“. ; Por supuesto que hay sectores convencionalmente establecidos en la ciudad; para el caso esté el sector López Arellano, que incluye una serie de villorrios y colonias a su alrededor. Otro sector es el de Cofradía que reúne a una cantidad de barrios y caseríos como Brisas del Valle, La Fortaleza. Pero cuando se trata de una zona en especial, nada le dificulta decir a mi presentadora barrio Medina, colonia Juan Lindo; pero ella se ha olvidado, o la ha soslayado, de la copiosa sinonimia del castellano.

ÉSTAS NO SERíAN QUIJOTERÍAS

Lunes
Nov 24,2008

¿Se imagina viajar en la ciudad en un coche decente y seguro? un autocar limpio, sencillo y práctico, sin tanto lujo; sin tener que enrollarse como ofidio para ampliar el cupo a más usuarios. Un medio de transporte en el que usted no tuviera temor de los criminales ni la necesidad de pelear con el ayudante por el vuelto, porque estas unidades trabajarían con tarjetas magnéticas prepagadas y ya no habría necesidad de este “colaborador” que muchas veces tiene perfil dudoso. Un ómnibus cuyo chofer fuese persona sobria, limpia, moral y con una licencia debidamente obtenida, con un salario por número de horas y no por tarifas convenidas, ésas que desequilibran el juicio del motorista cuando tiene que correr como un demente para completar el dinero que le exige el propietario y que consecuentemente pone en riesgo la vida de todos los pasajeros.

Sería un vehículo de combustión híbrida: etanol-eléctrico, con bajas emisiones de gases tóxicos, no una fabrica ambulante de emanaciones letales. Esto no es una utopía, hace muchos años que es una realidad en muchos países y también es posible en el nuestro. Quién aquí en San Pedro Sula no quisiera ahorrarse dinero viajando en carros colectivos; pero éstos son muy peligrosos por su mal mantenimiento y la presencia repentina de bandoleros al lado del pasajero.

Las tarjetas prepagadas evitarían que los choferes manejen dinero, que ya sería una tentación menos para los malvivientes. Todos estos colectivos estarían equipados con cámaras de seguridad y sistemas de alarma GPS. Por la implementación de esta tecnología, la seguridad privada de los omnibuses y rapiditos trabajaría en conjunto con la Policía, lo que haría de estas unidades verdaderas prototipos de seguridad.

Con un sistema de transporte así, las personas que se conducen en carros privados preferirían viajar en bus por la comodidad y el ahorro económico que directamente también ayudaría al país.

En Honduras no existe el transporte publico (hay hospitales públicos, donde “no se desembolsa”), pero el transporte es privado porque lo paga el usuario; como negocio es un acaparamiento segmentado; entonces por qué los empresarios de esta línea económica no invierten en un verdadero monopolio que ofrezca los servicios arriba planteados. Sencillo, porque es necesario que sea manejado en forma institucional por una autoridad del transporte con un pequeño porcentaje del Gobierno. Un ejemplo de esta actividad, entre otros, es el de Nueva York, la MTA, que mantiene una sola clase de guaguas, una sola clase de trenes (el Metro), tarifa única y con descuentos en compras al por mayor, una entidad en la que los choferes, operadores, mecánicos, encargados de limpieza y demás colaboradores trabajan para una sola empresa: MTA. En esta institución hay centros de atención al cliente para que éstos presenten sus quejas, reclamos, sugerencias o cualquier inquietud.

¿Se imagina usted que el bono escolar del Gobierno incluyera una tarjeta especial para estudiantes o una rebaja por la tercera edad o por alguna discapacidad? Piense que estas tarjetas tuvieran transferencia de unidades, es decir, que si usted usara más de una ruta no tuviera que pagar más - naturalmente que respetando algunas restricciones-. Con un sistema semejante desaparecerían los “rapiditos” que por su zoológica competencia han causado tantas muertes.

Ésta no es una quimera, sería una realidad si las autoridades del Gobierno central y las municipalidades establecieran planes concretos, serios y profesionales en el manejo del transporte colectivo. Pero sobre todo nosotros, los usuarios, somos quienes estamos obligados a demandar que se nos respeten nuestros derechos de recibir calidad por lo que pagamos, ¿cómo?, exigiendo permanentemente a quien corresponda por todos los medios disponibles; de lo contrario, este comentario sólo es una de mis quijoterías.

Empirismo y teoría/Ctrl C + Ctrl V +Ctrl P

Lunes
Nov 17,2008

Hace muchos años yo escuchaba que casi todos los profesores eran empíricos. Supe que a estos educadores se les llamaba así porque no tenían la titulación para ejercer tan noble e importante trabajo. En mi antañona escuela Miguel Paz Barahona, de El Mochito, Santa Bárbara, hubo varios docentes sin formación docente que eran excelentes educadores, aunque no así en lo científico.

Veamos qué es empirismo: Sistema filosófico basado fundamentalmente en los datos de la experiencia. Conocimiento que se origina desde la experiencia. Yo trabajé veinte años como profesor de español, pero esto no siempre significa que esos años son de experiencia porque ésta implica experimentar y esto es algo más que repetir: es hacer operaciones destinadas a descubrir, comprobar o demostrar determinados fenómenos o principios científicos. La mayor parte de este tiempo que trabajé como docente fue de práctica. No obstante, el concepto de profesor empírico tiene su razón de ser visto como aquel profesional que sin haber ido a una escuela normal ha trabajado tanto que se ha imbuido de toda una pedagogía surgida en ese mundo de lo autodidáctico e inconscientemente experimental.

Pero no siempre sucede así. Waldina Oseguera trabajó más de veinte años como auxiliar de enfermería en el hospital de El Mochito y nunca fue capaz de hacer una operación de apéndice; pero el doctor Larios en su primer semana de trabajo la hizo sin ningún problema: era médico graduado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y tenía los instrumentos académicos y científicos para esa tarea, algo que Waldina desconocía.

En el siglo XVII casi no había maestros en Europa y se hacía uso de calígrafos, preceptores y quizá institutrices (claro que remunerados por el interesado y no por los gobiernos) casi siempre muy ineptos; empero, siempre hubo profesores excepcionales en varios campos, por ejemplo el alemán Wolfang Ratke que inició nuevos métodos para enseñar la lengua vernácula y algunas clásicas. Con el tiempo fueron apareciendo las escuelas normales, con nuevas técnicas educativas basadas en teorías de connotados pedagogos como Jan Komensky (Comenio), Jean Jacuqes Roseeau, Johann Pestalozzi, John Dewey. Jean Baptiste de La Salle, fundador del Instituto de los Hermanos de las Esuelas Cristianas, en 1685 estableció en Francia un seminario para profesores. La salle es considerado un pionero de la educación sistemática.

Como vemos, la educación ha ido en ascendencia y cada día es mejor. En mi tiempo (le aclaro a mi lector Rubén que él está en la razón: tengo cincuenta y cinco años, no ochenta) se usaba la regla de cálculo, ahora son las sofisticadas calculadoras; antes los apuntes que dictaba el maestro los hacíamos en el cuaderno, ahora escribimos en la laptop o en la palm. Antes resolvíamos las tareas con el apoyo de los libros y era casi un sueño ir a la biblioteca del colegio (porque no había), ahora tenemos Internet.

Para graduarse de maestro de educación primaria, aquí en Honduras, sólo se necesita el ciclo común y tres años de educación magisterial; el título es a nivel secundario. A estas alturas del tiempo, un educador así ya no responde a las necesidades del desarrollo tecnológico y científico de la sociedad. Este educador viene con una base muy endeble e incongruente con la realidad actual; está comprobado que en la gran mayoría los maestros no sabemos leer ni escribir al egresar de la escuela normal. hay que ver qué se hace entonces.

En el gobierno de Ricardo Maduro se quiso implementar la idea de formar profesionales de educación primaria a nivel universitario, un proyecto monumental, grandioso (por lo menos en apariencia). Faltaba saber cómo estaría enfocada y consolidada la estructura curricular de los nuevos lienciados en educación primaria. Pero ipso facto los dirigentes magisteriales dieron el grito al cielo al decir que se les estaba quitando la oportunidad a los pobres de poder tener una formación secundaria y luego trabajar. Por supuesto que ésta no era la causa de tal disconformidad.

Es posible que la propuesta de aquel Gobierno (que contaba con un ministro de Educación bastante conflictivo) adoleciera de una serie de fallas, pero era una alternativa de mejorar la educación básica. Pero al final todo quedó en simple idea.

He escuchado que un colegio o sindicato magisterial hondureño ha planteado profesionalizar a una serie de docentes en servicio con títulos diferentes al de maestro de educación (peritos mercantiles, bachilleres en ciencias y letras, secretarias, ingenieros, abogados). Profesionalizar (en nuestro medio) es tomar talleres breves, pequeños seminarios generalmente a fin del año lectivo; pero jamás concurrir por lo menos un par de años en persona a una institución educativa. Si en tres años de educación presencial no se logra formar un educador con un perfil adecuado, qué se podría esperar de aquel que va por unas semanas cada año: nada. como reza el dicho: Zapatero a tus zapatos.

Los románticos dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Ésa es sólo una opinión -hasta cierto punto zafia-, un parecer, no un ser. Otros alegan que la educación de antes era mejor que la actual. De ninguna manera esto último es cierto: ahora hay más posibilidades técnicas, mejores apoyos didáctico-pedagógicos. El problema va más allá de la llana interpretación: ahora hay más distractores tanto para el discente como para el docente; éste ya no lee ni se actualiza lo suficiente por la serie de compromisos que le exige la vida moderna: muchos hemos trabajado hasta en tres instituciones a la vez, más por necesidad pecuniaria que por vocación. Y de paso el educando se olvidó de los libros y de la pluma porque en cualquier apartado rincón del país hay un cibercafé (que el estudiante lo utiliza sobre todo para jugar y ver pornografía) donde el muchacho va a medio leer lo que le ha pedido su maestro, luego Ctrl C + Ctrl V +Ctrl P y ya. ¡Qué diablos va a aprender ese muchacho!. No es tanto la culpa de los maestros ni de los padres o del estudiante, el del sistema educativo que deambula con mentalidad sidérea.

Esos inimaginables progresos que se observan cada día son pautas, por ejemplo, que hacen imposible negar que hora la educación tiene mejores y grandes posibilidades prácticas y teóricas que potencian profesionales en verdad completos. Somos nosotros los que tenemos que cambiar de actitud y aprender a aprender conjuntar esos instrumentos teóricos con la práctica.

Domingo
Nov 9,2008
Cuando yo era niño viajábamos en unos camiones modificados rudimentariamente para transportar seres humanos; estos carros se llamaban baronesas (un sustantivo muy hondureño). Pero las baronesas eran muy pesadas e incómodas y pronto llegaron los microbuses para usarlos en pueblos pequeños, y los omnibuses, que viajaban a las “grandes ciudades”. Para nosostros, bus y ómnibus son la misma cosa. Estas unidades son más confortables porque vienen con diseños especiales para el uso humano. Las baronesas seguían esquemas toscos y muy empíricos.
Hasta hoy, en Honduras y en tantos países, los buses constituyen el medio de transporte colectivo terrestre más empleado. En los pueblos más recónditos se escuentra por lo menos un “scholl bus” (de esos amarillos que desechan los gringos) grande o pequeño. Este moderno vehículo se conoce como ómibus, autocar, pullman, guagua; en México le dicen camión. Son regionalismos.
Pero por eso de las ambiciones crematísticos de quienes gobiernan el transporte público aquí en Honduras, en un momento hubo la necesidad de abrirles espacio a lo microbuses con la colosal idea de dar un servicio especial, rápido y cómodo. Por supuesto que esa intención tendría su carga pecuniaria por aquello de la calidad del servicio. Fue así como aparecieron los temibles rapiditos
En un principio estos carritos dieron señales, ideas o remedos de lo prometido, pero muy pronto no sólo incumplieron, sino que se convirtieron en verdaderas amenazas para sus usuarios y todo aquel que se atreve a conducir por donde esos artefactos pululan.
En un país tan desordenado como el nuestro, donde casi todo el mundo mira la corrupción como algo inherente a las persona, pronto los zares del transporte sacarían provecho: cambiaron sus enormes y provectas (y en su mayoría sucias y destartaladas) unidades por microbuses, con éstos les saldría más económico y lograrían más ganancias. En San Pedro Sula, La ruta 1 ya no tiene un tan solo bus grande y la 4 prácticamente los está eliminando.
Los rapiditos fueron concebidos para uso netamente urbano; ahora usted los ve en los montes y en las aldeas lejanas. Y, no se asuste, se ofrece este tipo de transporte entre ciudades distantes con el pretexto de ser directos, que van de terminal a terminal, sin detenerse en ningón lugar, cosa que nos es así; lo que sí es verdad es que cobran más que los carros regulares. Es una vergüenza que las autoridades gubernamentales permitan este atropeyo que a la par de ser más caro es una ofensa para la dignidad de quienes se suben en esas cosas.

Pero el concepto de rapidito (que es lo que nos compete en este cuaderno de bitácora) ya se actualizó en el Diccionario Hondureño de la Lengua Española: “Cualquier bus, grande o pequeño, nuevo o viejo, generalmente con asientos adicionales rústicos, ventanas improvisadas con nailon y cinta adhesiva, que transporta personas sentadas, paradas, colgadas, chineadas, por un precio superior al regular, sin que nadie regule su funcionamiento.// Unidad de transporte colectivo con pasaje más caro que los buses comunes, cuya tripulación muchas veces carece de lo elemental del trato humano.

Fariseísmos, paradojas y ambigüedades

Jueves
Nov 6,2008

Hoy (más que nunca) la demagogia ha llegado a lo más alto de la expresión. No queremos creer en nadie de este mundo de mortales y las palabras van perdiendo significado; asimismo, las frases van sufriendo distorsiones porque se trastocan sus contenidos semánticos.

La sociedad crea frases estereotípicas con el único propósito de llenar vacíos de compromisos sociales, comerciales, políticos  o por simple costumbre. ¡Lo siento!, pero no puede entrar, nos dice el guardia de un banco, la recepcionista de un funcionario o cualquier persona que nos imposibilite tal acción. ¡Hagan silencio, gracias!, nos decía un repugnante profesor de Derecho Agrario en la Unah-vs. ¡Gracias por llamar a banco tal!, finalizó diciéndome una muchacha.

 Los siento es una frase que más o menos significa: “Me da pena, quisiera que esto no sucediera, deseara ayudarlo pero no puedo”. Me pregunto: qué diablos va a sentir aquella persona que me impide entrar en ese sitio si a veces ni sabe quién soy. Aquel insolente profesor daba las gracias con un tono de enojo, prepotencia y nada de satisfacción, pues su mayor malestar era que por su adusta clase nadie le hacía caso. Otra cuestión, ¿cómo una persona me puede dar las gracias cuando la he llamado para regañarla por la tardanza en mandarme mi estado de cuenta? Esta dama me agradeció no por afecto, sino por táctica de mecadeo, ella ni siquiera tiene idea de mi imagen física y es seguro que me queda maldiciendo después de haberme atendido.

Y lo más escandaloso de la pamema es que ahora a usted lo saludan y le desean éxitos y felicidad por medio de una grabación cuando el destinatario de un teléfono no puede atenderlo; le dicen que su llamada está siendo transferida y que en pocos segundos será atendido. Encima de toda esto le ponen toda una publicidad de fondo para que el cliente no se aburra.

El habla es una entidad consciente, viva, y en su nivel expresivo vale por esa viveza y no por un frío y muerto mensaje monotemático de computadora. Pero ésta es una de las grandes estrategias de esa ciencia capitalista llamada mercadotecnia. Alguien dirá que más vale una palabra hermosa que un seco “no puede pasar”, “cállense” o “qué quiere”, y en eso estamos muy de acuerdo, la caricia siempre agrada. El problema de este embrollo es la esquematización fija de las frases que con el tiempo a la gente poco a nada le importa y ni siquiera las escucha ni las oye, se vuelven monótonas y hasta cierto punto mojigatas. Sería cosa de variar estas formas expresivas para no caer en la más pura de las rutinas.

Y hablando de rutina, ahora todo mundo habla de rutina: operativo de rutina , exámenes médicos de rutina. Observe el concepto de rutina: Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas. (DRAE). La rutina denota ‘hábito adquirido’, ‘costumbre de hacer las cosas sin necesidad de pensar en ellas. Siguiendo este significado, entonces la Policía nuestra trabaja sin pensar cuando se apuestan en las calles a pedir licencias de conducir y boletas de revisión (lo único que hacen) y aseguran que es un operativo de rutina. Andan mal con esa afirmación porque el trabajo es una actividad consciente del hommo sapiens. Supongo que este inapropiado uso se debe al traslape semántico que se da en la informática con la palabra rutina: Secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa y se puede utilizar repetidamente.

Rutina no es lo mismo que costumbre, son conceptos afines. Poner un arbolito en Navidad es una costumbre en mi casa, pero lo decoramos con muchas luces para que luzca mejor. Tengo la costumbre de leer mientras estoy en el baño. Lo del árbol navideño y mis lecturas implican hechos conscientes porque en ambos casos analizo lo que hago; no son actos rutinarios. La Policía hace los operativos de costumbre; los médicos ordenan hacer los exémenes de costumbre. Sería peligroso que por rutina el doctor me diera medicina para controlar mi diabetes.

Cándido Alvarado

Maestro de Educación Primaria, profesor de Educación Media con la especialidad en Letras y licenciado en Letras con orientación en Lingüística. Es corrector de estilo periodístico y editorial.

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