Vivimos otra nueva etapa electoral, es cuando estamos pensando por quiénes votaremos (no escogeremos) de un grupo de fulanos que desean manejar la res pública y las alcaldías municipales. Lo peculiar de este período es la monótona verborrea expresada en los medios de comunicación y en una atiborrada propaganda conformada por carteles y vallas de todo tipo que denota la picométrica actividad mental de la gran mayoría de polítiqueros y de sus asesores demostrada en sus anuncios propagandísticos. Los plagios de rancheras están pidiendo salida para darle cabida a los de reguetón y de “hip hop”, todo con la idea de identificar al votante con sus intereses propios: a un adolescente no le gusta la música “puñalera” como tampoco le agradan los “ritmos urbanos” a un adulto maduro. No se vislumbra ni un adarme de creatividad en estos “mensajes de la democracia”, también siguen hablando de Villeda Morales, de Tiburcio Carías Andino, parece que hay un alto en el tiempo de estos distinguidos demos agein.
La lengua es un conjunto de signos linguisticos definidos que los humanos aprenden y retienen en la memoria; no se trata de un desorden al momento de organizar o interpretar un mensaje. La naturaleza de estos signos es variada y rica en polisemia:; por consiguiente debemos ser claros cuando hablamos o nos hablan. Si los mensajes de estos aspirantes a regir los asuntos públicos están tergiversados es evidente que el destinatario tenderá a confundirse o el hablante caerá en el adefesio verbal por aquellas personas que conocen un poco de la lengua.
En un cartel, de esos enormes que colocan en las carreteras y en edificios altos, que está en el segundo anillo periférico de San Perdo Sula se publicitan dos personas, una como alcalde la otra como vice alcalde. Se nota a todas luces que quien diseñó ese rótulo anda por los caminos de la amargura en gramática española porque no sabe que vice es un prefijo y va unido a la palabra: vicealcalde, vicepreseidente, vicerrector.
La palabra carácter (en plural es caracteres, no carácteres) tiene varias denotaciones muy diferenciadas,i veamos dos similares: “Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una persona”. ej.: Juan tiene un buen carácter. Otra es “Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía”, ej.: Roberto es un hombre de carácter.
Si el carácter implica firmeza, un individuo que de un momento a otro cambia de criterio carece de carácter. Una precandidata a Vicepresidenta dice en un anuncio: “Estoy con Roberto Micheletti porque es un hombre de carácter y de decisiones firmes”. (es indudable que si tiene carácter también toma decisiones firmes). El presidente de nuestro Congreso Nacional en un principio se opuso al proyecto Petrocaribe y de súbito cambió de idea; también estuvo muy en contra de la Alba y en unos días más se convirtió en defensor de esa iniciativa. ¿No habrá alguna confusión semántica de mi parte?
Es importante recordar que el carácter y el temperamento son palabras muy afines, pero no iguales. El temperamento (entre otros significados) es la manera de ser de la persona: “El temperamento de mi amigo es muy débil para ese cargo”. No hay que olvidar que el temperamento también es la constitución particular de cada persona que determina su carácter. Luego, una persona que no posee firmeza en sus decisiones tiene temperamento sanguíneo:Los sentimientos más que los pensamientos reflexivos le llevan a tomar sus decisiones.
Es una pena que el nivel del lenguaje de un gran sector de los hombres políticos sea tan tercermundista. En un programa radiofónico de San Pedro Sula escuché siete anuncios en los que se está promocionando igual número de precandidatos a diputados (entre nacionalistas y liberales) y en los mismos aparecen las palabras honestidad, honradez y capacidad. Sería absurdo que estos pretendientes dijesen lo contrario, nadie dice mi casa se moja; aquéllos son adjetivos que van implícitos y suena sospechoso repetirlos. ¿No podrían variar su discurso?
Y hablando de adjetivos hay uno que es de hierro en el nivel de la política vernácula, se trata de granítico. Dicen: El partido tiene unidad granítica donde este adjetivo actúa como una metáfora de consolidado, fuerte, firme. Este calificativo lo escucho desde 1962 cuando Modesto Rodas Alvarado y Ramón Ernesto Cruz andaban en campaña proselitista, y aún no pierde “vigencia”. También es imposible que falte la frase “el partido de las milicias eternamente jóvenes”, una expresión de escaso sentido en el contexto actual. Percibo que muchos de los personajes que intervienen (y ambicionan participar) en las cosas del Gobierno y negocios del Estado jamás han hojeado un diccionario (escolar, por lo menos) de la lengua castellana.
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