Para vivir feliz no se necesita de tanto. Es cosa de buscar la madurez y la sensatez para no embaucarnos en una ristra de “necesidades”, obligaciones que no nos las inventamos, nos las inventan. Unas prescindibles y otras muy importantes.
Por ejemplo, el teléfono fijo. Hace muy pocos años en Honduras tener una línea telefónica era un verdadero privilegio. Ahora, por la necesidad de estos medios, hay otras compañías, aparte de la estatal, que ofrecen ese servicio y…hasta más barato. Hace quince años nadie andaba teléfono celular; actualmente ese aparato (que para muchos no es tan necesario) ha dejado de ser un lujo porque hasta el ser humano más humilde porta uno. Por supuesto que la Internet es el medio que ha dado infinidad de sustentáculos para el progreso de la humanidad. Qué interesantes cambios ha habido a lo largo de estas décadas que han posibilitado una vida más suave y productiva.
Pero no todo todo esto es necesario, tambien hay “bienes” superfluos, y que además se adquieren (obviamente) con dinero. No hay cena gratis, dijo alguien por ahí. La economía del libre mercado ha puesto, y pone, un sinfín de señuelos para los potenciales compradores. En toda esta situación, la lengua, con sus multiples accesorios, es en definitiva un instrumento determinante para el éxito de cualquier sistema económico pensando en que la palabra es capaz de convencer y persuadir a cualquier individuo, en este caso, para que compre o adquiera algo. Hablando de “anzuelos” o trampas” , en el calendario comercial anual hay un catálogo de festividades que en el fondo guardan el propósito subyacente de explotar la euforia de los individuos y sacar ganacias económicas: Halloween y Thanksgiven son dos buenos ejemplos mercantilistas.
Halloween apareció en este país, Honduras, cuando no teníamos televisión por cable ni Internet, pero sí televisión por antena. Esta “fiesta” no se mencionaba hace unos cuarenta años en nuestras escuelas y tengo la seguridad de haber oído hablar de “la fiesta de las brujas” allá por 1971. De aquel tiempo acá ha sido algo continuo con la ayuda oportuna de los medios de comunicacion social. Pero, qué es Halloween. Es una fiesta inglesa que algún buen sentido debió de haber tenido en el pasado porque estaba relacionada con la víspera del Día de todos los Santos, pues se celebraba, y se celebra, el 31 de octubre. Ahora comporta la idea de terror, brujas, de calabazas anaranjadas, velas encendidas, todo esto para incentivar el morbo de los receptores. Los negocios anuncian atuendos especiales para esa época; los centros de receación nocturna decoran sus salas con motivos de esa “celebración” y la juventud se estimula para “pasar un rato feliz”.
Otra festividad que es bastante alentada aquí en Honduras, generalmente en las escuelas bilingües, es Thanksgiven. Desde el siglo XVII en Estados Unidos existe esta famosa fiesta y se celebra el último jueves de noviembre. Acción de Gracias (así se llama en español) es un festejo que los estadounidenses consideran como algo infalible y de mucho interés, más que la Navidad. Mis parientes y amigos inmigrantes allá en EUA le llaman Día del Pavo porque es cuando más se consume esta galliforme. Ahí se agradece a Dios por todo lo bueno que ha sucedido. ¡Qué bien! Vale la pena admirar la actitud que tienen los gringos frente al Creador.
Pero Halloween y Thanksgiven no son parte de nuestra historia cultural. Los muchachos hablan de Halloween sin tener la mínima idea de su significado y en su inconciencia copian modelos que destruyen su idiosincrasia. Es excusable que muchos locutores y presentadores de medios audiovisuales hablen de estas actividades como propias, porque cmuchos de estos ”transmisores de ideas” carecen de una adecuada competencia ilustrativa. Pero no se perdona que en las instituciones educativas se patrocinen semejantes alienaciones. Ya pronto estaremos viendo a los escolares cargando palos de escoba, trajes negros de brujas y una calabaza para participar en Halloween sólo porque esos “centros del saber” se quieren promocionar y ganar clientes. o tratar de estar en sintonía con los vecinos del norte de América. Halloween es otra “necesidad económica obligada” para vender calaveras, gorros, ropas negras y una camándula de tonterías que, más que distraer, despersonalizan al individuo.
Pero lo que antes fue una fiesta del calendario místico, ahora comienza a tambalearse: el Día de los Difuntos. El 2 de noviembre (muy cerquita de Halloween) es la fecha cuando los camposantos se llenan de dolientes. Pero no es un momento de alegría porque lo que se recuerda es la muerte; no obstante, ésta en el pasado era una ocasión que se tomaba muy en serio, ahora pasa sin pena ni gloria porque sólo se concreta en hacer una visita a la última morada, poner flores sobre el sepulcro y ya. Este acontecimiento no se publicita porque los sujetos están muertos y…no son posibles compradores. Los pavos y las calaveras fosforescentes sí tienen compradores. ¡Vaya, yo con mis quijoterías!
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