Aprendamos a hablar

¿El Alba o la Alba?

La costumbre hace ley, dicen los que no quieren adapatarse a los preceptos legales. Es posible que la costumbre se convierta en ley; pero mientras tanto tenemos que enmarcarnos en lo que dicta la sociedad ordenada jurídicamente. Es indudable que las palabras (que no responden a normas jurídicas, sino a leyes naturales) y sus movimientos sintácticos surgen por las necesidades de los usuarios. Se imagina usted lo tedioso qu sería pedirle al vendedor un pequeño circuito integrado que realiza numerosas funciones en ordenadores y dispositivos electrónicos, para ponerlo en sus teléfono celular. Esto sería tremendo, es más fácil decir chip. U ordenarle al mesero que nos traiga una torta chata, hecha con harina de trigo amasada, encima de la cual se pone queso, tomate frito y otros ingredientes como anchoas, aceitunas, etc. Es más práctico decir pizza. También sería molesto preguntar por el precio del conjunto de los componentes que integran la parte material de una computadora. Mejor preguntar por el hardware. Claro que lo correcto sería buscar significantes castellanos, pero el chip, la pizza y el hardware no nacieron en comunidades de habla hispana, no las teníamos en nuestro corpus lingüístico; por tanto, tenemos que adaptarnos a esos significantes, porque después de todo son voces que han agrandado y enriquecido el lexico del castellano.

Pero lo tonto, lo chocante es sustituir palabras existentes por inmigrantes innecesarios. Ahora se está estilando en la nota frívola periodística la fastuosa socialite. Socialité es un neologismo estadounidense (recogido y deformado del francés) por el que se refiere a una persona de la clase acomodada, generalmente de sexo femenino, que participa en actividades benéficas, obras de caridad, encuentros y otros eventos de esa índole. No es un neologismo de primera mano en el castellano, que conste; el problema es que ni siquiera está bien empleado el nuevo huésped, pues parece que nuestros cronistas sociales lo dirigen sobre todo a esa señoras más famosas por su elegante y despilfarrada vida social que por las bondades de sus proyectos humanos. Son socialités las hijas de ex presidentes de la República, de reputados ministros del Gobierno, pero nunca una ex miss Honduras, un humilde profesor universitario de un desapercibido científico o artista . No hay necesidad de marcar con esta tontería a una “famosa”, esto más bien lo que hace es sentirnos avergonzados de nuestra lengua original.

En esas notas de la superficialidad mediática también observo términos como fashionista, fashion week. Una persona seria sabrá que este chorro de gringadas lo que provoca no es sino llamar la atención del vacío intelectual de un sector de lectoras, o lectores, con cultura un tanto ligera. Y no sólo atraen el interés esas incursiones boreales, también aquellas zonas del mediodía nos invaden con las telenovelas; ya escuchamos y leemos palabras como zaperoco (desorden, alboroto) una voz coloquial nada nuestra, pero que ya la está usando la coloquialidad periodística local. De cualquier manera no es nada bueno que la costumbre se convierta en ley en este caso, como en tantos otros.

Y hablando de costumbre, sabemos que todo sustantivo que comienza con a tónica se actualiza con el determinante el, esto es para evitar la cacofonía. Decimos el hacha, el ama, el agua porque estas voces comienzan con a acentuada (no necesariamente tildada). Hay una sigla muy famosas en el ámbito comercial internacional, aunque muchos consideran que también incluye aspectos políticos: el Alca. Alca significa área de libre comercio de las Américas. Verá usted, amigo lector que el núcleo (área) de este sintagma nominal empieza con á, es evidente que se actualizará con el. Por otro lado andan con el Alba, que en principio es el acrónimo de Alternativa Bolivariana para las Américas. Alternativa no comienza con a acentuada, pues la intensidad tonal de esta palabra está la sílaba ti, por consiguiente se actualiza con la, la alternativa. Usted jamás diría el Alternativa Bolivariana de las Américas. Ahora bien, si el señor Hugo Rafael Chávez Frías desea identicar su proyecto con la primera luz del día antes de salir el Sol, o con vestidura o túnica de lienzo blanco que los sacerdotes, diáconos y subdiáconos se ponen sobre el hábito y el amito para celebrar los oficios divinos; es decir, con los conceptos de alba, entonces será el alba, así, en minúscula. Pero a todas luces se sabe que ese caballero (quizá por medio de sus asesores) lo que hizo fue un acrónico, acrónico con algunas deformaciones porque ahora dicen Alternativa Bolivariana para los pueblos de América. Es natural que por costumbre los hablantes confundan el Alba (de amanecer) con la Alba (de Alternativa Bov….). Pero también es natural que debemos hacer las aclaraciones y no seguir como mi amigo Inocente, que va donde va toda la gente. Seamos auténticos con nuestros usos verbales y no repitamos tonterías sólo porque otros equivocadamente lo hacen.

2 Comentarios »

  DERICK escrito @ Septiembre 27th, 2008 at 10:18 am

INTERESANTE ARTICULO. DEJEME PREGUNTARLE ALGO, COMO ES LA FORMA CORRECTA DE DECIRLO, que ellos negocien, ó que ellos negocíen…… le agradeceré su respuesta. gracias…..

  candido alvarado escrito @ Octubre 21st, 2008 at 8:13 pm

Se dice NEGOCIEN, sin acento en la I.

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