Se presume que donde no hay educación hay barbarie. Se supone que si hay escuelas no hay cabida para la ignorancia. El berzota muchas veces no actúa por maldad, sino porque ha sido incapaz de establecer una linea entre lo bueno y lo malo. Es aquí donde la educación tiene una participación muy importante porque abre tantas posibilidades de discernimiento. Un ejemplo se da en Chile, Uruguay y Argentina, países con niveles educativos muy elevados donde no es nada extraño que miles de conductores del transporte colectivo tengan estudios universitarios y a la vez se desempeñen en sus profesiones académicas. Éstas son naciones del tercer mundo, pero con mejores posibilidades de estudios que nosotros: muy buenas escuelas y universidades y mayores oportunidades de acceso.
Aquí en Honduras exigimos demasiado de nuestros taxistas y buseros. Estos señores, no todos, pero sí la mayoría, son sui generis: rebasan a quien sea, se cruzan los semáforos en rojo, no guardan las distancias con otros vehículos, se meten en contravía en los bulevares, son incapaces de cederle el paso a un anciano o a una mujer que carga un niño, en fin. Son así porque una gran parte carece de educación y su perfil está estereotipado de tal forma que aun el hombre con formación universitaria se apropia de ese “formato” personal cuando por cualquier circunstancia le toca trabajar en este sector del transporte. Es cierto que todo grupo social es absorbente y (si no tiene una conciencia definida) sus miembros toman las características de la generalidad.
En San Pedro Sula hay una gran cantidad de escuelas, desde el nivel preescolar hasta el superior. En cada barrio es fácil encontrar un centro educativo. Cada año surgen más colegios y ya va en ese mismo camino la creación de universidades, se están acercando a la decena entre privadas y estatales. Por supuesto que esto es muy, pero muy bueno. Asimismo, ya no es extraño ver a cualquier niño que hable inglés porque la educación bilingue (a pesar de sus marcadas deficiencias, hacen mucho en beneficio de la educación) está muy difundida en esta ciudad y en el resto del país.
La religión también es un medio de formación. En las iglesias se enseñan valores por medio de La Biblia. Es interesante ver que los templos siempre mantienen fieles en sus cultos. También es interesante saber que la Iglesia Católica aquí (como en tantos otros países) sostiene y apoya instituciones educativas de indiscutible calidad, unas de paga y otras gratis. Los protestantes también tienen lo propio en estas tareas: administran escuelas, colegios y universidades y casi todos con excelente calidad.
No hay razón entonces para pensar que gran parte de nuestra gente sea tan carente de respeto, tan pobre culturalmente y atrasada en el ámbito científico y ético porque no tegamos escuelas ni iglesias. Tenemos los accesos para llegar a ser críticos del entorno, para admirar lo bueno, para discriminar lo prosaico de lo sublime y no caer en lo desopilante ante nuestros vecinos.
No hay excusa. Desafortanadamente sí hay un pretexto: un buen sector de la eduación anda en manos de personas que lo que yo sé de coreano es lo que ellas conocen de educación: nada. Por experiencia propia sé que no hay absolutamente ninguna rigidez en el control gubernamental sobre las escuelas privadas (y casi nada en las oficiales). Muchas de estas empresas educativas, no todas por supuesto, son verdaderos socos con aires de liceos. Es paradógico que en varios colegios bilingües su director desconoce el inglés y de paso es abogado, ingeniero, economista, no profesor. Por otra parte, abusan de sus maestros con horarios agotadores, explotan a los padres de familia con cuotas dispendiosas, pagan sueldos por debajo de lo que exige el Estatuto del Docente Hondureño. Encima de esto también he observado que en muchas de estas instituciones sus programas incluyen asignaturas estadounidenses como Social Studies, con temas exclusivamente de Estados Unidos, Math, materia en cuyos ejemplos se habla de penny, dollar and nickle, denominaciones monetarias que nada tienen que ver con nuestra realidad. Aunque también llevan Cívica, Estudios Sociales y otras clases de nuestros programas oficiales, que deberían ser en inglés si en verdad desean que los muchachos manejen una doble cultura. Por aquello de estar en sintonía con los “blancos” celebran Thanksgiving y la Easter, una especie de Semana Santa diferente a la nuestra. Todo esto en algún momento podría desfigurar la identidad del discente, del educando.
Lo mismo sucede con las iglesias. Muchas de estas instituciones, aparte de lo religioso son ejemplos de desarrollo cultural y científico, de moralidad y ética. Pero aquí, con sus tantas excepciones, también aparecen casos donde los líderes no siempre poseen las bases mínimas de la hermenéutica para leer e interpretar los textos bíblicos y, a veces sin saberlo, en vez de construir un verdadero hombre más bien lo deforman. He visto religiosos que apenas saben leer deletreando y está claro que por buenas intenciones que tengan, su competencia no llena las expectativas de su feligresía.
Hasta qué punto una religiosa mal dirigida puede dañar al ser humano que ahora están apareciendo “predicadores” con un desfile de falacias y argucias haciéndoles creer a sus seguidores que con sólo apoyar económicamente a la obra están listos para lograr lo que quieran, sobre todo amor y una verdadera estabilidad económica, que es lo que más buscan la gente. Muchos papanatas toman esto como verdades categóricas, indiscutibles. También pululan por ahí los “parapsicólogos, mentalistas, quiromáticos”, charlatanes, embaucadores que acaparan espacios radiales y de televisión para esquilmar los bolsillos de humildes personas inventando piedras, aceites y una ristra de tonterías. El solo hecho de que un supuesto “nigromante, clarividente” con el campanudo título de “hermano, maestro o profesor”mencione el nombre del Creador es suficiente para que los incautos se convenzan y se persuadan de que ese sujeto les cura infinitos males o les da los instrumentos necesarios para “ganarse la lotería” o “conseguir un amor imposible”.
Como vemos, no siempre la educación y la religión son factores decisivos para el buen desarrollo cultural, moral y ético de una sociedad. Habrá que considerar quiénes, y por qué, manejan estos dos importantes cometidos de la sociedad y así establecer convenientes resultados. De lo contrario este comentario seguirá siendo siempre una más de mis quijoterías.