A José Simón Azcona le llamaban Pepín, a Ramón Ernesto Cruz, Monchito Cruz. Hay un viejo activista liberal muy conocido: Chilo Cruz. Mis coterráneos me conocen por Cando. Bien se le pudo haber llamado Josecito, Simoncito al extinto presidente Azcona, Ramoncito al efímero gobernante nacionalista o Cecilito a mi paisano liberal. Monchito es el diminutivo del hipocorístico Moncho.
Juancito, Manuelito, Anita, Ramoncito, Luisito, Marielita, son nombres en diminutivo. Pepe es un hipocorístico de José y de Pedro. Si usted se fija en Chico, Paco, Pancho, no reconocerá ningún parecido con Francisco, pues éstos son sus hipocorísticos.
Los diminutivos e hipocorísticos son considerados como nombres propios y por supuesto se inician con mayúscula. Es natural, entonces, que no tienen que ir entrecomillados. En inglés, para el caso, Bill es el hipocorísitico de William y nunca usted vio escrito “Bill” Clinton. Lo mismo pasa en español, hay nombres que se modifican: Paco Medina es un cantautor de los más recordados en Honduras y estoy seguro que su nombre no era ése, era Francisco.
Tampoco se puede decir que los hipocorísticos y los diminutivos son apodos. Nuestra crónica de sucesos a menudo anota casos como: “Fulano de tal, alias ‘Tito’, se entregó a la Policía y luego vemos que este individuo se llama Héctor; es ovio que Tito no es ningún apodo sino su hipocorístico. En conclusión, Mel no es apodo, es el hipocorístico de Manuel, va con inicial mayúscula y sin comillas.
Somos muy creativos y ahora se ha puesto muy en moda un verbo: agendar. Cuando era niño y me invitaban a las sesiones de un equpo de fútbol del barrio, “Éstos son los puntos de la agenda“, anunciaba don Rafael Merlo. Rápido yo intuía que era la lista de los temas que se iban a tratar en la reunión. Ahora, como todo el mundo anda tan “programado”, están las agendas electrónicas que hacen ese mismo trabajo y si es posible con mayor precisión. Pero ya comienza a dar vida el novísimo agendar. “Este proyecto no está agendado en el actual presupuesto”. Qué dificultad hay al decir que “ese proyecto no está programado o previsto en el actual presupuesto”. Agendar es un verbo inexistente e innecesario en español, ya tenemos “programar”. Dejémonos de culteranismos.
Ahora también hablamos de clonar tarjetas de crédito, chips de teléfonos celulares; se clonan” úmeros de taxis. ¿No será más directo decir que se falsifican todas esas cosas?. Si ando un taxi con el mismo número de registro de otro, está claro que hay una falsicación o alterarcion de documentos públicos. Pienso que este verbo es de uso exclusivo en las ciencias naturales. La RAE dice que clon es el conjunto de células u organismos genéticamente idénticos, originado por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo o por división artificial de estados embrionarios iniciales. Luego, clonar es producir clones. Nada tiene que ver con la falsificación.
Otro problema un tanto tedioso es el de los gentilicios. No hay una regla específica que defina exactamente cómo se les lamará a los habitantes de determinado lugar. Ahora que estamos con la emoción de Concacaf rumbo al Mundial de Sudáfrica 2010 pasamos pendientes de los canadienses, costarricenses, haitianos, cubanos, surinamenses. Éstos son los gentilicios de esos países, (en todo caso en español). Por nada del mundo debemos creer que los ciudadanos chinos se nombran a sí mismos con ese adjetivo, ni siquiera China se llama así en su idioma original: Zhongghuó es el nombre de la nación más poblada del mundo (claro, para ellos). Como nosotros lo que tratamos de saber son los gentilicios traducidos, lo mejor es emplear el derivado del exónimos de los países. No olvidemos que el exónimo de Zhogghuó es China, el de London es Londres, el de Deutscland es Alemania, el de New York es Nueva York. Luego decimos chinos, londinenses, alemanes, neoyorquinos. El gentilicio de United States es american, pero el de Estados Unidos, en español, es estadounidense. Sin embargo, el gentilicio de Jamaica alterna con jamaicano y jamaiquino, los dos son válidos. Estos adjetivos no siguen una norma gramatical, cada lugar se apropia de su gentilicio y lo acomoda según sus intereses. Se imagina usted lo incómodo que resultaría el gentilicio de Puerto Corés considerando todo ese nombre, o Tegucigalpa, es mucho más fácil decir porteños y capitalinos.