El hombre, por su naturaleza creativa, tuvo que aprender a hablar para zafarse del contexto animal irracional. Articuló palabras y formó mensajes para establecer comunicación. Millones de años después supo escribir (se cree que la escritura apareció hace unos cinco mil años), algo que lo elevó muy por encima de lo imaginado.

Parece que en la comunidad primitiva no hubo propiedad privada tal vez por la abundancia de alimentos y la poca gente que había. Pero tras de que surge la propiedad privada, la sociedad se divide en clases y va acompañada de diferentes sistemas políticos y económicos. El feudalismo sucede a la comunidad primitiva por muchos siglos. Pero desde princiopios del segundo milenio de nuestra era, el sistema feudal se va perdiendo para darle lugar al actual, al capitalismo. El Capitalismo tiene sus caracterrísticas esenciales (debo aclararles que no sé nada de Historia,de Ciencias Políticas ni nada de economía. Lo que anoto es producto de investigaciones) y una de ellas es la libertad de iniciativa privada para desarrollar actividades económicas. Conforme a esto es válido todo lo que lleve al consumismo para mantener este modelo político y económico.

Pero, qué tiene que ver esto con la palabra. Mucho. La expresión oral o escrita es la primera herramienta más poderosa para darle vida y soporte a cualquier sistema social. Y encima de esto lo iconográfico y la música también aportan una ayuda fundamental. Las bebidas gaseosas transnacionales jamás habrían triunfado sin un verdadero apoyo publicitario que va acompañado de hermosas figuras humanas, cantantes, futbolistas, en fin. Lo mismo se da con las comidas rápidas (que tantos daños provocan en las personas) que nunca “quiebran”, pues atraen y muchas veces mantienen una multitud de consumidores a pura publicidad. Este modo de producción nos inventa hambres ficticias con solo “oler” las hamburguesas o las pizzas en los anuncios televisivos o saborearlas cuando las vemos en las vallas que abundan en la ciudad (valgan las sinestesias en estos ejemplos).

No es lo mismo anunciar un bebida alcohólica que la venta de una casa. Tampoco es similar el comercial que se hace para una panadería que el de un hospital. En todo caso hay formas específicas para llamar la atención del potencial cliente. Cuando leemos o escuchamos sobre las matrículas en los colegios, escuelas y universidades notamos que se hace un verdadero derroche de mercadotecnia - a veces en una forma muy empírica, pero sugestivo-, igual hacen los brujos, charlatanes y curanderos. Todos quieren vender su producto y sacarle el máximo provecho.

Pero si usted escucha un comercial con fondo “musical” reguetonero de un hospital, es muy seguro que la imagen que tiene de ese centro de salud se pone en precario. O cuando mira y escucha mensajes “cristianos” en la televisión y a la vez lee, en la parte inferior de la pantalla, los números de las cuentas bancarias en moneda local o en dólares de pronto su percepción es otra: me quieren quitar la plata; otros suponen que con poner plata en esos cultos religiosos ganarán la eternidad, todo va a depender de la capacidad de convencimiento y persuación del hablante.

Pero el colmo del “capitalismo salvaje”, como decía al anterior Sumo Pontífice, es que una alma mater privada de esta ciudad anuncia las matriculas con un fondo musical de una canción de Bee Gees (me imagino que han solicitado el respectivo permiso por los derechos de autor de esa bonita canción). Por lo general a nuestros estudiantes poco o nada les importa la calidad academica de sus casas de estudio y con ese anzuelito fácilmente los empresarios de la educación le retuercen la mente al indolente educando para que llegue a “estudiar” . Un estudiante o un padre de familia con un ápice de sentido común no le tomaría ninguna formalidad a esos “templos del saber”. Pero estos comerciantes saben llegar al destino donde los muchachos tienen sus puntos débiles. Qué tiene que ver una pieza de “rock” con la tarea científica, absolutamente nada. Pero la juventud es sensible a percibir cualquier tontería que se la envuelvan en papel brillante. Por nada del mundo usted creería que prestigiosas universidades como UCLA de California, LSU de Baton Rudge, Georgetown de Washington o La Pontificia de Salamanca vendan su oferta educativa con ese tipo de publicidad tan mediocre, pobre y vacía.

A principios de este año, 2008, en una radioemisora salía el anuncio de un colegio secundario de aquí, de San Pedro Sula, ahí con voces tiernas y frescas se invitaba a los posibles alumnos para que ingresaran al instituto tal, “que es tu cole“, decía una parte del anuncio. En este caso además de la informalidad aparece una ingratitud: mutilan la palabra colegio. Percibí que los catedráticos de español de ese instituto se habrían de haber sentido avergonzados al observar tan terrible humillación al idioma.

Mi quijotería en esta ocasión va orientada a buscar que no se juegue con la ignorancia de tantos jóvenes que por miedo o problemas de autoestima no se enfrentan a los centros de estudios serios. Hay instituciones privadas y estatales en todos los niveles que merecen sumo respeto por la calidad académica y científica con que tratan el quehacer educativo; pero también hay otras que basadas en una envolvente publicidad cargada de imágenes - figura, representación, semejanza y apariencia de algo - su único objetivo es el lucro sin poner atención de lo que están vendiendo. Dejémosnos de musiquerías y sepamos seleccionar lo que queremos “comprar”.