Nadie es más creativo que el ser humano, quizá sólo sea él el único capaz de inventar cosas increíbles, cosas que nadie podría pensar. Hay inventos que ningún antropólogo, historiador o científico del desarrollo humano ha sido capaz de explicar, por ejemplo, el lenguaje, independientemente de su forma, ya sea articulado (verbal) o extralingüístico (no verbal). Lo que sí es seguro es que los idiomas son productos de convenciones sociales que a lo largo del tiempo se han ido formando, creciendo y muriendo. Según los estructuralistas, la lengua nunca llega a su máximo esplendor, a su momento cumbre; es un hecho inevitablemente dinámico, como el tiempo, que no se detiene.
El sistema capitalista tiene sus tentáculos calculadamente ramificados en todo el quehacer de los hombres y éstos caen en sus garras sin ningún problema. Este sistema es tan perfecto que en vez de llamarnos, nosotros nos acercamos a él y con esa sutilidad nos atrapa. Y la lengua es el principal elemento que sirve de apoyo directo a cualquier sistema social; así como lo sostiene y lo afianza así también lo puede aniquilar por eso de que el poder hablar y escuchar es potestad sólo del género humano; aunque los idiomas no sólo sirven para cifrar y descifrar mensajes, también sirven como un instrumento importante para hacer de las relaciones sociales un hecho ameno, agradable y atrayente. Los hombres pueden, por medio de la lengua, manejar y manipular a sus semejantes de acuerdo con intereses prefijados o espontáneos.