Aprendamos a hablar

El convencionalismo de la lengua

Este pasado 26 de noviembre, a las 3.00 de la tarde, en Radio América, escuché a un miembro de la Asociación de Prensa Hondureña (APH) que insistía en aconsejar a que los periodistas aperturaran su correo electrónico en el sentido de hacerlo, prepararlo; lo repitió, en forma alterna, en tres oportunidades. No le puse atención para quiénes era la exhoración, pero sí a semejante tontería.

En iteradas veces hemos abordado el problema de esta corrupción verbal, que sobre todo son los “banqueros”  los neofilólogos que han creado ese adefesio de la lengua. Apertura y abertura tienen un mismo origen latino, las dos se refieren al acto de abrir, dar principio; pero en ambas hay diferencias de uso: Mi pantalón tiene una abertura en la pierna, no una apertura. Ni modo que se inventaran el verbo aberturar, sería el colomo de la vulgaridad. O Se anuncia la apertura de una nueva universidad, no la abertura.

Apertura es la acción de abrir; por ejemplo: aperturas de cuentas de ahorro, apertura de la matrícula, la apertura de la carretera de Olancho. No hay verbo aperturar, sino un sustantivo: apertura.

Es evidente que los empleados financieros no son profesionales de la palabra y por pura tarda comodidad han creado ese inútil tecnolecto: aperturar. Pero los periodistas sí están obligados a conocer y manejar la lengua. Los comunicadores tratan con masas y lo que ellos expresan es tomado como algo ex catedra por sus receptores. Es inconcebible entonces que un informador sea tan lego, tan parvo y tan limitado en el conocimiento de un campo que es su materia prima de trabajo: la lengua. No quisiera pensar que la actitud del periodista que habló de aperturar correos electrónicos se trate de un caso de sociolecto pobre, o sea que la escolaridad del hablante no sea de adecuada aceptación para el trabajo de un profesional de la información.

Los neologismos surgen por necesidad, porque no hay palabras para el concepto que definen: sida, alzhéimer (aclaro que si va precedido por el sustantivoi enfermedad se escribe en mayúscula: enfermedad de Alzhemer), endoscopia, sotware, son ejemplos. Pero si ya hay significante para qué insistir en préstamos estériles. Y peor, para qué tenemos que estar inventando palabrejas.

Me llama la atención una muchacha que presenta noticias en un canal de esta ciudad. Barrunto que esa encantadora mujer no tiene un ápice del significado geográfico de sector: parte de una ciudad, de un territorio o de cualquier otro lugar; por ejemplo: Hubo dos cabildos abiertos en el sector Chamelecón celebrados en la colonia Panting. La colonia Panting está en ese sector. Pero esta presentadora nunca omite el cansino sector en sus transmisiones; ella siempre está diciendo frases como “La Policía visitó el sector Villaflorencia. E l candidato andubo en el  sector Juan Lindo y en el sector Medina“. ; Por supuesto que hay sectores convencionalmente establecidos en la ciudad; para el caso esté el sector López Arellano, que incluye una serie de villorrios y colonias a su alrededor. Otro sector es el de Cofradía que reúne a una cantidad de barrios y caseríos como Brisas del Valle, La Fortaleza. Pero cuando se trata de una zona en especial, nada le dificulta decir a mi presentadora barrio Medina, colonia Juan Lindo; pero ella se ha olvidado, o la ha soslayado, de la copiosa sinonimia del castellano.

ÉSTAS NO SERíAN QUIJOTERÍAS

¿Se imagina viajar en la ciudad en un coche decente y seguro? un autocar limpio, sencillo y práctico, sin tanto lujo; sin tener que enrollarse como ofidio para ampliar el cupo a más usuarios. Un medio de transporte en el que usted no tuviera temor de los criminales ni la necesidad de pelear con el ayudante por el vuelto, porque estas unidades trabajarían con tarjetas magnéticas prepagadas y ya no habría necesidad de este “colaborador” que muchas veces tiene perfil dudoso. Un ómnibus cuyo chofer fuese persona sobria, limpia, moral y con una licencia debidamente obtenida, con un salario por número de horas y no por tarifas convenidas, ésas que desequilibran el juicio del motorista cuando tiene que correr como un demente para completar el dinero que le exige el propietario y que consecuentemente pone en riesgo la vida de todos los pasajeros.

Sería un vehículo de combustión híbrida: etanol-eléctrico, con bajas emisiones de gases tóxicos, no una fabrica ambulante de emanaciones letales. Esto no es una utopía, hace muchos años que es una realidad en muchos países y también es posible en el nuestro. Quién aquí en San Pedro Sula no quisiera ahorrarse dinero viajando en carros colectivos; pero éstos son muy peligrosos por su mal mantenimiento y la presencia repentina de bandoleros al lado del pasajero.

Las tarjetas prepagadas evitarían que los choferes manejen dinero, que ya sería una tentación menos para los malvivientes. Todos estos colectivos estarían equipados con cámaras de seguridad y sistemas de alarma GPS. Por la implementación de esta tecnología, la seguridad privada de los omnibuses y rapiditos trabajaría en conjunto con la Policía, lo que haría de estas unidades verdaderas prototipos de seguridad.

Con un sistema de transporte así, las personas que se conducen en carros privados preferirían viajar en bus por la comodidad y el ahorro económico que directamente también ayudaría al país.

En Honduras no existe el transporte publico (hay hospitales públicos, donde “no se desembolsa”), pero el transporte es privado porque lo paga el usuario; como negocio es un acaparamiento segmentado; entonces por qué los empresarios de esta línea económica no invierten en un verdadero monopolio que ofrezca los servicios arriba planteados. Sencillo, porque es necesario que sea manejado en forma institucional por una autoridad del transporte con un pequeño porcentaje del Gobierno. Un ejemplo de esta actividad, entre otros, es el de Nueva York, la MTA, que mantiene una sola clase de guaguas, una sola clase de trenes (el Metro), tarifa única y con descuentos en compras al por mayor, una entidad en la que los choferes, operadores, mecánicos, encargados de limpieza y demás colaboradores trabajan para una sola empresa: MTA. En esta institución hay centros de atención al cliente para que éstos presenten sus quejas, reclamos, sugerencias o cualquier inquietud.

¿Se imagina usted que el bono escolar del Gobierno incluyera una tarjeta especial para estudiantes o una rebaja por la tercera edad o por alguna discapacidad? Piense que estas tarjetas tuvieran transferencia de unidades, es decir, que si usted usara más de una ruta no tuviera que pagar más - naturalmente que respetando algunas restricciones-. Con un sistema semejante desaparecerían los “rapiditos” que por su zoológica competencia han causado tantas muertes.

Ésta no es una quimera, sería una realidad si las autoridades del Gobierno central y las municipalidades establecieran planes concretos, serios y profesionales en el manejo del transporte colectivo. Pero sobre todo nosotros, los usuarios, somos quienes estamos obligados a demandar que se nos respeten nuestros derechos de recibir calidad por lo que pagamos, ¿cómo?, exigiendo permanentemente a quien corresponda por todos los medios disponibles; de lo contrario, este comentario sólo es una de mis quijoterías.

Empirismo y teoría/Ctrl C + Ctrl V +Ctrl P

Hace muchos años yo escuchaba que casi todos los profesores eran empíricos. Supe que a estos educadores se les llamaba así porque no tenían la titulación para ejercer tan noble e importante trabajo. En mi antañona escuela Miguel Paz Barahona, de El Mochito, Santa Bárbara, hubo varios docentes sin formación docente que eran excelentes educadores, aunque no así en lo científico.

Veamos qué es empirismo: Sistema filosófico basado fundamentalmente en los datos de la experiencia. Conocimiento que se origina desde la experiencia. Yo trabajé veinte años como profesor de español, pero esto no siempre significa que esos años son de experiencia porque ésta implica experimentar y esto es algo más que repetir: es hacer operaciones destinadas a descubrir, comprobar o demostrar determinados fenómenos o principios científicos. La mayor parte de este tiempo que trabajé como docente fue de práctica. No obstante, el concepto de profesor empírico tiene su razón de ser visto como aquel profesional que sin haber ido a una escuela normal ha trabajado tanto que se ha imbuido de toda una pedagogía surgida en ese mundo de lo autodidáctico e inconscientemente experimental.

Pero no siempre sucede así. Waldina Oseguera trabajó más de veinte años como auxiliar de enfermería en el hospital de El Mochito y nunca fue capaz de hacer una operación de apéndice; pero el doctor Larios en su primer semana de trabajo la hizo sin ningún problema: era médico graduado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y tenía los instrumentos académicos y científicos para esa tarea, algo que Waldina desconocía.

En el siglo XVII casi no había maestros en Europa y se hacía uso de calígrafos, preceptores y quizá institutrices (claro que remunerados por el interesado y no por los gobiernos) casi siempre muy ineptos; empero, siempre hubo profesores excepcionales en varios campos, por ejemplo el alemán Wolfang Ratke que inició nuevos métodos para enseñar la lengua vernácula y algunas clásicas. Con el tiempo fueron apareciendo las escuelas normales, con nuevas técnicas educativas basadas en teorías de connotados pedagogos como Jan Komensky (Comenio), Jean Jacuqes Roseeau, Johann Pestalozzi, John Dewey. Jean Baptiste de La Salle, fundador del Instituto de los Hermanos de las Esuelas Cristianas, en 1685 estableció en Francia un seminario para profesores. La salle es considerado un pionero de la educación sistemática.

Como vemos, la educación ha ido en ascendencia y cada día es mejor. En mi tiempo (le aclaro a mi lector Rubén que él está en la razón: tengo cincuenta y cinco años, no ochenta) se usaba la regla de cálculo, ahora son las sofisticadas calculadoras; antes los apuntes que dictaba el maestro los hacíamos en el cuaderno, ahora escribimos en la laptop o en la palm. Antes resolvíamos las tareas con el apoyo de los libros y era casi un sueño ir a la biblioteca del colegio (porque no había), ahora tenemos Internet.

Para graduarse de maestro de educación primaria, aquí en Honduras, sólo se necesita el ciclo común y tres años de educación magisterial; el título es a nivel secundario. A estas alturas del tiempo, un educador así ya no responde a las necesidades del desarrollo tecnológico y científico de la sociedad. Este educador viene con una base muy endeble e incongruente con la realidad actual; está comprobado que en la gran mayoría los maestros no sabemos leer ni escribir al egresar de la escuela normal. hay que ver qué se hace entonces.

En el gobierno de Ricardo Maduro se quiso implementar la idea de formar profesionales de educación primaria a nivel universitario, un proyecto monumental, grandioso (por lo menos en apariencia). Faltaba saber cómo estaría enfocada y consolidada la estructura curricular de los nuevos lienciados en educación primaria. Pero ipso facto los dirigentes magisteriales dieron el grito al cielo al decir que se les estaba quitando la oportunidad a los pobres de poder tener una formación secundaria y luego trabajar. Por supuesto que ésta no era la causa de tal disconformidad.

Es posible que la propuesta de aquel Gobierno (que contaba con un ministro de Educación bastante conflictivo) adoleciera de una serie de fallas, pero era una alternativa de mejorar la educación básica. Pero al final todo quedó en simple idea.

He escuchado que un colegio o sindicato magisterial hondureño ha planteado profesionalizar a una serie de docentes en servicio con títulos diferentes al de maestro de educación (peritos mercantiles, bachilleres en ciencias y letras, secretarias, ingenieros, abogados). Profesionalizar (en nuestro medio) es tomar talleres breves, pequeños seminarios generalmente a fin del año lectivo; pero jamás concurrir por lo menos un par de años en persona a una institución educativa. Si en tres años de educación presencial no se logra formar un educador con un perfil adecuado, qué se podría esperar de aquel que va por unas semanas cada año: nada. como reza el dicho: Zapatero a tus zapatos.

Los románticos dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Ésa es sólo una opinión -hasta cierto punto zafia-, un parecer, no un ser. Otros alegan que la educación de antes era mejor que la actual. De ninguna manera esto último es cierto: ahora hay más posibilidades técnicas, mejores apoyos didáctico-pedagógicos. El problema va más allá de la llana interpretación: ahora hay más distractores tanto para el discente como para el docente; éste ya no lee ni se actualiza lo suficiente por la serie de compromisos que le exige la vida moderna: muchos hemos trabajado hasta en tres instituciones a la vez, más por necesidad pecuniaria que por vocación. Y de paso el educando se olvidó de los libros y de la pluma porque en cualquier apartado rincón del país hay un cibercafé (que el estudiante lo utiliza sobre todo para jugar y ver pornografía) donde el muchacho va a medio leer lo que le ha pedido su maestro, luego Ctrl C + Ctrl V +Ctrl P y ya. ¡Qué diablos va a aprender ese muchacho!. No es tanto la culpa de los maestros ni de los padres o del estudiante, el del sistema educativo que deambula con mentalidad sidérea.

Esos inimaginables progresos que se observan cada día son pautas, por ejemplo, que hacen imposible negar que hora la educación tiene mejores y grandes posibilidades prácticas y teóricas que potencian profesionales en verdad completos. Somos nosotros los que tenemos que cambiar de actitud y aprender a aprender conjuntar esos instrumentos teóricos con la práctica.

RAPIDITO: neologismo en el español hondureño

Cuando yo era niño viajábamos en unos camiones modificados rudimentariamente para transportar seres humanos; estos carros se llamaban baronesas (un sustantivo muy hondureño). Pero las baronesas eran muy pesadas e incómodas y pronto llegaron los microbuses para usarlos en pueblos pequeños, y los omnibuses, que viajaban a las “grandes ciudades”. Para nosostros, bus y ómnibus son la misma cosa. Estas unidades son más confortables porque vienen con diseños especiales para el uso humano. Las baronesas seguían esquemas toscos y muy empíricos.
Hasta hoy, en Honduras y en tantos países, los buses constituyen el medio de transporte colectivo terrestre más empleado. En los pueblos más recónditos se escuentra por lo menos un “scholl bus” (de esos amarillos que desechan los gringos) grande o pequeño. Este moderno vehículo se conoce como ómibus, autocar, pullman, guagua; en México le dicen camión. Son regionalismos.
Pero por eso de las ambiciones crematísticos de quienes gobiernan el transporte público aquí en Honduras, en un momento hubo la necesidad de abrirles espacio a lo microbuses con la colosal idea de dar un servicio especial, rápido y cómodo. Por supuesto que esa intención tendría su carga pecuniaria por aquello de la calidad del servicio. Fue así como aparecieron los temibles rapiditos
En un principio estos carritos dieron señales, ideas o remedos de lo prometido, pero muy pronto no sólo incumplieron, sino que se convirtieron en verdaderas amenazas para sus usuarios y todo aquel que se atreve a conducir por donde esos artefactos pululan.
En un país tan desordenado como el nuestro, donde casi todo el mundo mira la corrupción como algo inherente a las persona, pronto los zares del transporte sacarían provecho: cambiaron sus enormes y provectas (y en su mayoría sucias y destartaladas) unidades por microbuses, con éstos les saldría más económico y lograrían más ganancias. En San Pedro Sula, La ruta 1 ya no tiene un tan solo bus grande y la 4 prácticamente los está eliminando.
Los rapiditos fueron concebidos para uso netamente urbano; ahora usted los ve en los montes y en las aldeas lejanas. Y, no se asuste, se ofrece este tipo de transporte entre ciudades distantes con el pretexto de ser directos, que van de terminal a terminal, sin detenerse en ningón lugar, cosa que nos es así; lo que sí es verdad es que cobran más que los carros regulares. Es una vergüenza que las autoridades gubernamentales permitan este atropeyo que a la par de ser más caro es una ofensa para la dignidad de quienes se suben en esas cosas.

Pero el concepto de rapidito (que es lo que nos compete en este cuaderno de bitácora) ya se actualizó en el Diccionario Hondureño de la Lengua Española: “Cualquier bus, grande o pequeño, nuevo o viejo, generalmente con asientos adicionales rústicos, ventanas improvisadas con nailon y cinta adhesiva, que transporta personas sentadas, paradas, colgadas, chineadas, por un precio superior al regular, sin que nadie regule su funcionamiento.// Unidad de transporte colectivo con pasaje más caro que los buses comunes, cuya tripulación muchas veces carece de lo elemental del trato humano.

Fariseísmos, paradojas y ambigüedades

Hoy (más que nunca) la demagogia ha llegado a lo más alto de la expresión. No queremos creer en nadie de este mundo de mortales y las palabras van perdiendo significado; asimismo, las frases van sufriendo distorsiones porque se trastocan sus contenidos semánticos.

La sociedad crea frases estereotípicas con el único propósito de llenar vacíos de compromisos sociales, comerciales, políticos  o por simple costumbre. ¡Lo siento!, pero no puede entrar, nos dice el guardia de un banco, la recepcionista de un funcionario o cualquier persona que nos imposibilite tal acción. ¡Hagan silencio, gracias!, nos decía un repugnante profesor de Derecho Agrario en la Unah-vs. ¡Gracias por llamar a banco tal!, finalizó diciéndome una muchacha.

 Los siento es una frase que más o menos significa: “Me da pena, quisiera que esto no sucediera, deseara ayudarlo pero no puedo”. Me pregunto: qué diablos va a sentir aquella persona que me impide entrar en ese sitio si a veces ni sabe quién soy. Aquel insolente profesor daba las gracias con un tono de enojo, prepotencia y nada de satisfacción, pues su mayor malestar era que por su adusta clase nadie le hacía caso. Otra cuestión, ¿cómo una persona me puede dar las gracias cuando la he llamado para regañarla por la tardanza en mandarme mi estado de cuenta? Esta dama me agradeció no por afecto, sino por táctica de mecadeo, ella ni siquiera tiene idea de mi imagen física y es seguro que me queda maldiciendo después de haberme atendido.

Y lo más escandaloso de la pamema es que ahora a usted lo saludan y le desean éxitos y felicidad por medio de una grabación cuando el destinatario de un teléfono no puede atenderlo; le dicen que su llamada está siendo transferida y que en pocos segundos será atendido. Encima de toda esto le ponen toda una publicidad de fondo para que el cliente no se aburra.

El habla es una entidad consciente, viva, y en su nivel expresivo vale por esa viveza y no por un frío y muerto mensaje monotemático de computadora. Pero ésta es una de las grandes estrategias de esa ciencia capitalista llamada mercadotecnia. Alguien dirá que más vale una palabra hermosa que un seco “no puede pasar”, “cállense” o “qué quiere”, y en eso estamos muy de acuerdo, la caricia siempre agrada. El problema de este embrollo es la esquematización fija de las frases que con el tiempo a la gente poco a nada le importa y ni siquiera las escucha ni las oye, se vuelven monótonas y hasta cierto punto mojigatas. Sería cosa de variar estas formas expresivas para no caer en la más pura de las rutinas.

Y hablando de rutina, ahora todo mundo habla de rutina: operativo de rutina , exámenes médicos de rutina. Observe el concepto de rutina: Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas. (DRAE). La rutina denota ‘hábito adquirido’, ‘costumbre de hacer las cosas sin necesidad de pensar en ellas. Siguiendo este significado, entonces la Policía nuestra trabaja sin pensar cuando se apuestan en las calles a pedir licencias de conducir y boletas de revisión (lo único que hacen) y aseguran que es un operativo de rutina. Andan mal con esa afirmación porque el trabajo es una actividad consciente del hommo sapiens. Supongo que este inapropiado uso se debe al traslape semántico que se da en la informática con la palabra rutina: Secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa y se puede utilizar repetidamente.

Rutina no es lo mismo que costumbre, son conceptos afines. Poner un arbolito en Navidad es una costumbre en mi casa, pero lo decoramos con muchas luces para que luzca mejor. Tengo la costumbre de leer mientras estoy en el baño. Lo del árbol navideño y mis lecturas implican hechos conscientes porque en ambos casos analizo lo que hago; no son actos rutinarios. La Policía hace los operativos de costumbre; los médicos ordenan hacer los exémenes de costumbre. Sería peligroso que por rutina el doctor me diera medicina para controlar mi diabetes.

Puperismo verbal y semántico en la política vernácula hondureña

Vivimos otra nueva etapa electoral, es cuando estamos pensando por quiénes votaremos (no escogeremos) de un grupo de fulanos que desean manejar la res pública y las alcaldías municipales. Lo peculiar de este período es la monótona verborrea expresada en los medios de comunicación y en una atiborrada propaganda conformada por carteles y vallas de todo tipo que denota la picométrica actividad mental de la gran mayoría de polítiqueros y de sus asesores demostrada en sus anuncios propagandísticos. Los plagios de rancheras están pidiendo salida para darle cabida a los de reguetón y de “hip hop”, todo con la idea de identificar al votante con sus intereses propios: a un adolescente no le gusta la música “puñalera” como tampoco le agradan los “ritmos urbanos” a un adulto maduro. No se vislumbra ni un adarme de creatividad en estos “mensajes de la democracia”, también siguen hablando de Villeda Morales, de Tiburcio Carías Andino, parece que hay un alto en el tiempo de estos distinguidos demos agein.

La lengua es un conjunto de signos linguisticos definidos que los humanos aprenden y retienen en la memoria; no se trata de un desorden al momento de organizar o interpretar un mensaje. La naturaleza de estos signos es variada y rica en polisemia:; por consiguiente debemos ser claros cuando hablamos o nos hablan. Si los mensajes de estos aspirantes a regir los asuntos públicos están tergiversados es evidente que el destinatario tenderá a confundirse o el hablante caerá en el adefesio verbal por aquellas personas que conocen un poco de la lengua.

En un cartel, de esos enormes que colocan en las carreteras y en edificios altos, que está en el segundo anillo periférico de San Perdo Sula se publicitan dos personas, una como alcalde la otra como vice alcalde. Se nota a todas luces que quien diseñó ese rótulo anda por los caminos de la amargura en gramática española porque no sabe que vice es un prefijo y va unido a la palabra: vicealcalde, vicepreseidente, vicerrector.

La palabra carácter (en plural es caracteres, no carácteres) tiene varias denotaciones muy diferenciadas,i veamos dos similares: “Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una persona”. ej.: Juan tiene un buen carácter. Otra es “Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía”, ej.: Roberto es un hombre de carácter.

Si el carácter implica firmeza, un individuo que de un momento a otro cambia de criterio carece de carácter. Una precandidata a Vicepresidenta dice en un anuncio: “Estoy con Roberto Micheletti porque es un hombre de carácter y de decisiones firmes”. (es indudable que si tiene carácter también toma decisiones firmes). El presidente de nuestro Congreso Nacional en un principio se opuso al proyecto Petrocaribe y de súbito cambió de idea; también estuvo muy en contra de la Alba y en unos días más se convirtió en defensor de esa iniciativa. ¿No habrá alguna confusión semántica de mi parte?

Es importante recordar que el carácter y el temperamento son palabras muy afines, pero no iguales. El temperamento (entre otros significados) es la manera de ser de la persona: “El temperamento de mi amigo es muy débil para ese cargo”. No hay que olvidar que el temperamento también es la constitución particular de cada persona que determina su carácter. Luego, una persona que no posee firmeza en sus decisiones tiene temperamento sanguíneo:Los sentimientos más que los pensamientos reflexivos le llevan a tomar sus decisiones.

Es una pena que el nivel del lenguaje de un gran sector de los hombres políticos sea tan tercermundista. En un programa radiofónico de San Pedro Sula escuché siete anuncios en los que se está promocionando igual número de precandidatos a diputados (entre nacionalistas y liberales) y en los mismos aparecen las palabras honestidad, honradez y capacidad. Sería absurdo que estos pretendientes dijesen lo contrario, nadie dice mi casa se moja; aquéllos son adjetivos que van implícitos y suena sospechoso repetirlos. ¿No podrían variar su discurso?

Y hablando de adjetivos hay uno que es de hierro en el nivel de la política vernácula, se trata de granítico. Dicen: El partido tiene unidad granítica donde este adjetivo actúa como una metáfora de consolidado, fuerte, firme. Este calificativo lo escucho desde 1962 cuando Modesto Rodas Alvarado y Ramón Ernesto Cruz andaban en campaña proselitista, y aún no pierde “vigencia”. También es imposible que falte la frase “el partido de las milicias eternamente jóvenes”, una expresión de escaso sentido en el contexto actual. Percibo que muchos de los personajes que intervienen (y ambicionan participar) en las cosas del Gobierno y negocios del Estado jamás han hojeado un diccionario (escolar, por lo menos) de la lengua castellana.

Llegó Halloween y “agoniza” el Día de Difuntos

jack

Para vivir feliz no se necesita de tanto. Es cosa de buscar la madurez y la sensatez para no embaucarnos en una ristra de “necesidades”, obligaciones que no nos las inventamos, nos las inventan. Unas prescindibles y otras muy importantes.

Por ejemplo, el teléfono fijo. Hace muy pocos años en Honduras tener una línea telefónica era un verdadero privilegio. Ahora, por la necesidad de estos medios, hay otras compañías, aparte de la estatal, que ofrecen ese servicio y…hasta más barato. Hace quince años nadie andaba teléfono celular; actualmente ese aparato (que para muchos no es tan necesario) ha dejado de ser un lujo porque hasta el ser humano más humilde porta uno. Por supuesto que la Internet es el medio que  ha dado infinidad de sustentáculos para el progreso de la humanidad.  Qué interesantes cambios ha habido a lo largo de estas décadas que han posibilitado una vida más suave y productiva.

Pero no todo todo esto es necesario, tambien hay “bienes” superfluos,  y que además se adquieren (obviamente) con dinero. No hay cena gratis, dijo alguien por ahí. La economía del libre mercado ha puesto, y pone, un sinfín de señuelos para los potenciales compradores.  En toda esta situación, la lengua, con sus multiples accesorios, es en definitiva un instrumento determinante para el éxito de cualquier sistema económico pensando en que la palabra es capaz de convencer y persuadir a cualquier individuo, en este caso, para que compre o adquiera algo. Hablando de “anzuelos” o trampas” , en el calendario comercial anual hay un catálogo de festividades que en el fondo guardan el propósito subyacente de explotar la euforia de los individuos y sacar ganacias económicas: Halloween y Thanksgiven son dos buenos ejemplos mercantilistas.

Halloween apareció en este país, Honduras, cuando no teníamos televisión por cable ni Internet, pero sí televisión por antena. Esta “fiesta” no se mencionaba hace unos cuarenta años en nuestras escuelas y tengo la seguridad de haber oído hablar de “la fiesta de las brujas” allá por 1971. De aquel tiempo acá ha sido algo continuo con la ayuda oportuna de los medios de comunicacion social. Pero, qué es Halloween. Es una fiesta inglesa que algún buen sentido debió de haber tenido en el pasado porque estaba relacionada con la víspera del Día de todos los Santos, pues se celebraba, y se celebra, el 31 de octubre. Ahora comporta la idea de terror, brujas, de calabazas anaranjadas, velas encendidas, todo esto para incentivar el morbo de los receptores. Los negocios anuncian atuendos especiales para esa época; los centros de receación nocturna decoran sus salas con motivos de esa “celebración” y la juventud se estimula para “pasar un rato feliz”.

Otra festividad que es bastante alentada aquí en Honduras, generalmente en las escuelas bilingües, es Thanksgiven. Desde el siglo XVII en Estados Unidos existe esta famosa fiesta y se celebra el último jueves de noviembre. Acción de Gracias (así se llama en español) es un festejo que los estadounidenses consideran como algo infalible y de mucho interés, más que la Navidad. Mis parientes y amigos inmigrantes allá en EUA le llaman Día del Pavo porque es cuando más se consume esta galliforme. Ahí se agradece a Dios por todo lo bueno que ha sucedido. ¡Qué bien! Vale la pena admirar la actitud que tienen los gringos frente al  Creador.

Pero Halloween y Thanksgiven no son parte de nuestra historia cultural. Los muchachos hablan de Halloween sin tener la mínima idea de su significado y en su inconciencia copian modelos que destruyen su idiosincrasia. Es excusable que muchos locutores y presentadores de medios audiovisuales hablen de estas actividades como propias, porque cmuchos de estos ”transmisores de ideas” carecen de una adecuada  competencia ilustrativa. Pero no se perdona que en  las instituciones educativas se patrocinen semejantes alienaciones. Ya pronto estaremos viendo a los escolares cargando palos de escoba, trajes negros de brujas y una calabaza para participar en Halloween sólo porque esos “centros del saber” se quieren promocionar y ganar clientes. o tratar de estar en sintonía con los vecinos del norte de América. Halloween es otra “necesidad económica obligada” para vender calaveras, gorros, ropas negras y una camándula de tonterías que, más que distraer, despersonalizan al individuo.

Pero lo que antes fue una fiesta del calendario místico, ahora comienza a tambalearse: el Día de los Difuntos. El 2 de noviembre (muy cerquita de Halloween) es la fecha cuando los camposantos se llenan de dolientes. Pero no es un momento de alegría porque lo que se recuerda es la muerte; no obstante, ésta en el pasado era una ocasión que se tomaba muy en serio, ahora pasa sin pena ni gloria porque sólo se concreta en hacer una visita a la última morada, poner flores sobre el sepulcro y ya. Este acontecimiento no se publicita porque los sujetos están muertos y…no son posibles compradores. Los pavos y las calaveras fosforescentes sí tienen  compradores. ¡Vaya, yo con mis quijoterías!

¿Apostamos por el diputado al o del Congreso?

 
Siempre estamos teniendo inconvenientes con las confusas preposiciones y parece que no queremos mejorar, las mezclamos sin detectar las fallas. No es lo mismo cheque a nombre de Juan que cheque en nombre de Juan, trabajo por ti que trabajo para ti, compre una camisa a Saúl que compre una camisa para Saúl. A, en, por y para son morfemas con usos específicos.
Barack Obama es senador júnior del Congreso de Estados Unidos en representación de llinois. En ese septentrional  país senador es sinónimo de diputado. ¿De dónde se origina la palabra diputado? Viene de diputar que es  ”destinar, señalar o elegir a alguien para algún trabajo o ministerio” o también  elegir a uno o más individuos para que representen a otros en determinado acto o entidad. Nosotros elegimos a lo diputados para que nos representen en el Congreso Nacional, no al Congreso Nacional. Por consiguiente es “DIPUTADOS DEL CONGRESO NACIONAL o DIPUTADOS EN EL CONGRESO NACIONAL”, no “diputados al Congreso Nacional”.
Hablando de Barack Obama, dicen sus biógrafos que es el quinto senador “afroamericano” en el Senado de Estados Unidos. También leí por ahí que el republicano Mel Martínez se proclamó ganador del disputado escaño del Senado por Florida, lo que lo convirtió en el primer “cubanoamericano” en llegar a la Cámara Alta; ¡o sea que Cuba no está en América!. Tuvo alguna Razón el señor Eduardo Galeano al decir ”Por el camino hasta perdimos el derecho de llamarnos americanos, aunque los haitianos y los cubanos ya habían asomado a la historia, como pueblos nuevos, un siglo antes que los peregrinos del Mayflower se establecieran en las costas de Plymouth” (La venas abiertas de América Latina). No señores, el “american” es gentilicio de estadounidense, PERO EN INGLÉS. Para los hispanohablantes todo lo que proceda de Estados Unidos es “estadounidense” y no “americano ni norteamericano”. En inglés es american embassy, pero en español es embajada estadounidense o embajada de los Estados Unidos. Habrase visto semejante ofensa etnolingüística que se habla se fútbol americano. Este violento deporte no debería llamarse fútbol porque en la mayor parte del juego no se emplean los pies, sino las manos. Pero si en verdad queremos llamarlo así, nuestra traducción es fútbol estadounidense, nada nos cuesta. El colmo es que el tercermundista balompié es conocido en el angloámbito como soccer, algo muy alejado de la etimología inglesa del fútbol “español”.
“Ya socializamos el proyecto”, decía el director de un colegio adonde trabajé. Parece que mi líder laboral quería decir que ya había compartido o consensuado el proyecto. Socializar es promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona (DRAE). Nada tiene que ver este concepto con lo que ahora se acostumbra. No obstante, por la fuerza colectiva, socializar pronto significará “ponerse de acuerdo, consensuar algo”; por ahora sólo es una floritura verbal del ampuloso emisor.

Dice don Otto Aramis Martínez, un excelente profesor de español ya en retiro, que aquí gran parte de personas se han vuelto jugadoras porque todas “apuestan”. Claro que apostar significa pactar con otro que quien tenga razón en una discusión, obtenga la victoria o acierte el resultado de un juego o contienda deportiva gana algo convenido, especialmente una cantidad de dinero:Te apuesto mil lempiras a que Honduras le gana a Canadá.
Pero hace unos días escuchaba en un programa radial a un famoso dirigente magisterial que hablaba sobre su lucha por la educación pública. En todo momento siempre se refirió a los problemas frecuentes que hay en este importante sector de la sociedad. Nunca habló de confiar en la educación oficial, siempre fue de dar apoyo. En ese sentido, el gremialista abundó con el “estamos apostando por la educación pública” y encima reincidió con tan equivocado verbo. Para aclaración de las dudas, he aquí algunos conceptos de APOSTAR sacados del Diccionario Panhispánico de Dudas:
1. Dar por cierto algo.  “Chavez optó por callarse la boca. No podía apostar que el rey Juan carlos aceptaría aquellas imprudencias”.

2. Manifestar confianza u optar por alguien o algo. En este caso, es intransitivo y se construye con un complemento precedido de por o, más raramente, a, ejemplo: Rueda apostó por sus jugadores en esta contienda;  o sea que el técnico colombiano confió en sus pupilos.Toda mi vida he apostado a esos valores (siempre he optado por esos valores). El complemento puede ser una oración subordinada introducida por que: «Muy pocos apostaban por que los “burritos” ganarían el partido; en ese caso es incorrecto escribir porque, en una sola palabra. En este último ejemplo está claramente empleado el verbo apostar: “muy pocos tendrían confianza en que los “burritos” ganarían el partido. No insistamos en cambiar significados a los significantes (a las palabras).

¿El Alba o la Alba?

La costumbre hace ley, dicen los que no quieren adapatarse a los preceptos legales. Es posible que la costumbre se convierta en ley; pero mientras tanto tenemos que enmarcarnos en lo que dicta la sociedad ordenada jurídicamente. Es indudable que las palabras (que no responden a normas jurídicas, sino a leyes naturales) y sus movimientos sintácticos surgen por las necesidades de los usuarios. Se imagina usted lo tedioso qu sería pedirle al vendedor un pequeño circuito integrado que realiza numerosas funciones en ordenadores y dispositivos electrónicos, para ponerlo en sus teléfono celular. Esto sería tremendo, es más fácil decir chip. U ordenarle al mesero que nos traiga una torta chata, hecha con harina de trigo amasada, encima de la cual se pone queso, tomate frito y otros ingredientes como anchoas, aceitunas, etc. Es más práctico decir pizza. También sería molesto preguntar por el precio del conjunto de los componentes que integran la parte material de una computadora. Mejor preguntar por el hardware. Claro que lo correcto sería buscar significantes castellanos, pero el chip, la pizza y el hardware no nacieron en comunidades de habla hispana, no las teníamos en nuestro corpus lingüístico; por tanto, tenemos que adaptarnos a esos significantes, porque después de todo son voces que han agrandado y enriquecido el lexico del castellano.

Pero lo tonto, lo chocante es sustituir palabras existentes por inmigrantes innecesarios. Ahora se está estilando en la nota frívola periodística la fastuosa socialite. Socialité es un neologismo estadounidense (recogido y deformado del francés) por el que se refiere a una persona de la clase acomodada, generalmente de sexo femenino, que participa en actividades benéficas, obras de caridad, encuentros y otros eventos de esa índole. No es un neologismo de primera mano en el castellano, que conste; el problema es que ni siquiera está bien empleado el nuevo huésped, pues parece que nuestros cronistas sociales lo dirigen sobre todo a esa señoras más famosas por su elegante y despilfarrada vida social que por las bondades de sus proyectos humanos. Son socialités las hijas de ex presidentes de la República, de reputados ministros del Gobierno, pero nunca una ex miss Honduras, un humilde profesor universitario de un desapercibido científico o artista . No hay necesidad de marcar con esta tontería a una “famosa”, esto más bien lo que hace es sentirnos avergonzados de nuestra lengua original.

En esas notas de la superficialidad mediática también observo términos como fashionista, fashion week. Una persona seria sabrá que este chorro de gringadas lo que provoca no es sino llamar la atención del vacío intelectual de un sector de lectoras, o lectores, con cultura un tanto ligera. Y no sólo atraen el interés esas incursiones boreales, también aquellas zonas del mediodía nos invaden con las telenovelas; ya escuchamos y leemos palabras como zaperoco (desorden, alboroto) una voz coloquial nada nuestra, pero que ya la está usando la coloquialidad periodística local. De cualquier manera no es nada bueno que la costumbre se convierta en ley en este caso, como en tantos otros.

Y hablando de costumbre, sabemos que todo sustantivo que comienza con a tónica se actualiza con el determinante el, esto es para evitar la cacofonía. Decimos el hacha, el ama, el agua porque estas voces comienzan con a acentuada (no necesariamente tildada). Hay una sigla muy famosas en el ámbito comercial internacional, aunque muchos consideran que también incluye aspectos políticos: el Alca. Alca significa área de libre comercio de las Américas. Verá usted, amigo lector que el núcleo (área) de este sintagma nominal empieza con á, es evidente que se actualizará con el. Por otro lado andan con el Alba, que en principio es el acrónimo de Alternativa Bolivariana para las Américas. Alternativa no comienza con a acentuada, pues la intensidad tonal de esta palabra está la sílaba ti, por consiguiente se actualiza con la, la alternativa. Usted jamás diría el Alternativa Bolivariana de las Américas. Ahora bien, si el señor Hugo Rafael Chávez Frías desea identicar su proyecto con la primera luz del día antes de salir el Sol, o con vestidura o túnica de lienzo blanco que los sacerdotes, diáconos y subdiáconos se ponen sobre el hábito y el amito para celebrar los oficios divinos; es decir, con los conceptos de alba, entonces será el alba, así, en minúscula. Pero a todas luces se sabe que ese caballero (quizá por medio de sus asesores) lo que hizo fue un acrónico, acrónico con algunas deformaciones porque ahora dicen Alternativa Bolivariana para los pueblos de América. Es natural que por costumbre los hablantes confundan el Alba (de amanecer) con la Alba (de Alternativa Bov….). Pero también es natural que debemos hacer las aclaraciones y no seguir como mi amigo Inocente, que va donde va toda la gente. Seamos auténticos con nuestros usos verbales y no repitamos tonterías sólo porque otros equivocadamente lo hacen.

Educación, religión y valores

Se presume que donde no hay educación hay barbarie. Se supone que si hay escuelas no hay cabida para la ignorancia. El berzota muchas veces no actúa por maldad, sino porque ha sido incapaz de establecer una linea entre lo bueno y lo malo. Es aquí donde la educación tiene una participación muy importante porque abre tantas posibilidades de discernimiento. Un ejemplo se da en Chile, Uruguay y Argentina, países con niveles educativos muy elevados donde no es nada extraño que miles de conductores del transporte colectivo tengan estudios universitarios y a la vez se desempeñen en sus profesiones académicas. Éstas son naciones del tercer mundo, pero con mejores posibilidades de estudios que nosotros: muy buenas escuelas y universidades y mayores oportunidades de acceso.

Aquí en Honduras exigimos demasiado de nuestros taxistas y buseros. Estos señores, no todos, pero sí la mayoría, son sui generis: rebasan a quien sea, se cruzan los semáforos en rojo, no guardan las distancias con otros vehículos, se meten en contravía en los bulevares, son incapaces de cederle el paso a un anciano o a una mujer que carga un niño, en fin. Son así porque una gran parte carece de educación y su perfil está estereotipado de tal forma que aun el hombre con formación universitaria se apropia de ese “formato” personal cuando por cualquier circunstancia le toca trabajar en este sector del transporte. Es cierto que todo grupo social es absorbente y (si no tiene una conciencia definida) sus miembros toman las características de la generalidad.

En San Pedro Sula hay una gran cantidad de escuelas, desde el nivel preescolar hasta el superior. En cada barrio es fácil encontrar un centro educativo. Cada año surgen más colegios y ya va en ese mismo camino la creación de universidades, se están acercando a la decena entre privadas y estatales. Por supuesto que esto es muy, pero muy bueno. Asimismo, ya no es extraño ver a cualquier niño que hable inglés porque la educación bilingue (a pesar de sus marcadas deficiencias, hacen mucho en beneficio de la educación) está muy difundida en esta ciudad y en el resto del país.

La religión también es un medio de formación. En las iglesias se enseñan valores por medio de La Biblia. Es interesante ver que los templos siempre mantienen fieles en sus cultos. También es interesante saber que la Iglesia Católica aquí (como en tantos otros países) sostiene y apoya instituciones educativas de indiscutible calidad, unas de paga y otras gratis. Los protestantes también tienen lo propio en estas tareas: administran escuelas, colegios y universidades y casi todos con excelente calidad.

No hay razón entonces para pensar que gran parte de nuestra gente sea tan carente de respeto, tan pobre culturalmente y atrasada en el ámbito científico y ético porque no tegamos escuelas ni iglesias. Tenemos los accesos para llegar a ser críticos del entorno, para admirar lo bueno, para discriminar lo prosaico de lo sublime y no caer en lo desopilante ante nuestros vecinos.

No hay excusa. Desafortanadamente sí hay un pretexto: un buen sector de la eduación anda en manos de personas que lo que yo sé de coreano es lo que ellas conocen de educación: nada. Por experiencia propia sé que no hay absolutamente ninguna rigidez en el control gubernamental sobre las escuelas privadas (y casi nada en las oficiales). Muchas de estas empresas educativas, no todas por supuesto, son verdaderos socos con aires de liceos. Es paradógico que en varios colegios bilingües su director desconoce el inglés y de paso es abogado, ingeniero, economista, no profesor. Por otra parte, abusan de sus maestros con horarios agotadores, explotan a los padres de familia con cuotas dispendiosas, pagan sueldos por debajo de lo que exige el Estatuto del Docente Hondureño. Encima de esto también he observado que en muchas de estas instituciones sus programas incluyen asignaturas estadounidenses como Social Studies, con temas exclusivamente de Estados Unidos, Math, materia en cuyos ejemplos se habla de penny, dollar and nickle, denominaciones monetarias que nada tienen que ver con nuestra realidad. Aunque también llevan Cívica, Estudios Sociales y otras clases de nuestros programas oficiales, que deberían ser en inglés si en verdad desean que los muchachos manejen una doble cultura. Por aquello de estar en sintonía con los “blancos” celebran Thanksgiving y la Easter, una especie de Semana Santa diferente a la nuestra. Todo esto en algún momento podría desfigurar la identidad del discente, del educando.

Lo mismo sucede con las iglesias. Muchas de estas instituciones, aparte de lo religioso son ejemplos de desarrollo cultural y científico, de moralidad y ética. Pero aquí, con sus tantas excepciones, también aparecen casos donde los líderes no siempre poseen las bases mínimas de la hermenéutica para leer e interpretar los textos bíblicos y, a veces sin saberlo, en vez de construir un verdadero hombre más bien lo deforman. He visto religiosos que apenas saben leer deletreando y está claro que por buenas intenciones que tengan, su competencia no llena las expectativas de su feligresía.

Hasta qué punto una religiosa mal dirigida puede dañar al ser humano que ahora están apareciendo “predicadores” con un desfile de falacias y argucias haciéndoles creer a sus seguidores que con sólo apoyar económicamente a la obra están listos para lograr lo que quieran, sobre todo amor y una verdadera estabilidad económica, que es lo que más buscan la gente. Muchos papanatas toman esto como verdades categóricas, indiscutibles. También pululan por ahí los “parapsicólogos, mentalistas, quiromáticos”, charlatanes, embaucadores que acaparan espacios radiales y de televisión para esquilmar los bolsillos de humildes personas inventando piedras, aceites y una ristra de tonterías. El solo hecho de que un supuesto “nigromante, clarividente” con el campanudo título de “hermano, maestro o profesor”mencione el nombre del Creador es suficiente para que los incautos se convenzan y se persuadan de que ese sujeto les cura infinitos males o les da los instrumentos necesarios para “ganarse la lotería” o “conseguir un amor imposible”.

Como vemos, no siempre la educación y la religión son factores decisivos para el buen desarrollo cultural, moral y ético de una sociedad. Habrá que considerar quiénes, y por qué, manejan estos dos importantes cometidos de la sociedad y así establecer convenientes resultados. De lo contrario este comentario seguirá siendo siempre una más de mis quijoterías.

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